Antes de reaccionar sobre lo que estaba haciendo, me sacaron de mi fantasía de repente. Nick tomaba mi brazo con fuerza, y echaba a Joe hacia atrás, lentamente; lo alejaba de mí y yo no quería.
Le dirigí mi mirar a Nicholas, pero inmediatamente me volteé hacia su hermano.
-¿Cómo entraste?- mi voz era algo que sonaba extremadamente desesperado, apenas podía respirar, y de a poco se iba formando un inmenso nudo en mi garganta.
-Vine con Travis- respondió a mi pregunta sin vacilar un solo segundo.
Mientras a mi novio se le debía estar partiendo el corazón en pedazos, yo estaba aquí, como una idiota, preocupándome sólo por Joe; ¿qué tan mal debería sentirme por eso?, ¿peor de lo que me estaba sintiendo?.
Corrí hacia la habitación principal del departamento, me lo encontré sentado en el radiante sillón blanco, con su mirada perdida por el balcón, me planté en el piso y no dejé de mirarlo hasta que él se fijó en mí.
-Demi- dijo, tratando de fingir una sonrisa. Pero inmediatamente se puso de pie, como si estuviese esperando a que yo llegara para hacer esto. Tomó una pequeña mochila negra que apoyaba en sus pies.
-No te vayas- le dije muy rápido -¿podemos hablar, por favor?-.
Su mirada cambió completamente, me observaba como exigiéndome que me detuviese. Pasó a mi lado y salió del lugar, así, como si nada.
Decidí ir tras él, de nuevo. ¿Tan drásticamente acabaría nuestra historia?.
-¡Por favor!- grité a mitad del pasillo, él ya iba cerca del ascensor.
No me hacía caso alguno, caminé, más bien troté, para poder alcanzarlo, Travis ni siquiera se daba media vuelta. Me aferré a su playera, y él detuvo sus pasos. Se volteó a verme, y de sus celestes ojos se asomaban espesas lágrimas, su cara ya no reflejaba la alegría de todos los días. Tomó mi mano con la que lo estaba atando, acarició mis dedos y los despegó de dónde estaban.
Sabía que lo mejor que podía hacer, era no hacer nada más. Se subió al elevador, las puertas se cerraron, y me di cuenta de que perdía todo lo que había sido mi vida en New York... porque, además de ir a la academia, él era todo lo que había podido conseguir, con él pasaba todo mi tiempo, con él solía ir a todas partes, una parte de mí se iba con él. Pero, más que mi novio, él fue como un mejor amigo, como un hermano , consolándome a mí, y a mi herido corazón.
Me sentía frustrada, incompetente, hipócrita, ¿así se sentía defraudar a alguien?. Empecé a llorar, pero de rabia, y ya sabía en quién descargarla. Regresé a paso rápido, dando cuánto portazo pude, hasta mi dormitorio.
-¡Todo esto es por tu culpa!- empujé a Joseph por su pecho; él me miraba incrédulo.
Se demoró unos minutos, pero al fin respondió a mis palabras.
-¿Qué?- bueno, por lo menos había respondido.
-¡Tú sabes a lo que me refiero!- estaba histérica, y él hacía que me sintiera aún más nerviosa, me estremecía todavía más, me alborotaba pensar que estábamos tan cerca pero tan lejos a la vez.
-¡No! No lo sé, Demi- exhaló aire, y se quedó con los brazos suspendidos, y sus manos por sus bolsillos.
-Por causa tuya Travis se fue, por tu culpa le hice daño, ¡es todo tu culpa!- Joe seguía con la misma cara de no comprender nada -todo por ti, por tu genial idea de haber venido de repente, después de semanas y semanas, a refregarme en la cara que, que...-
-¡Yo sólo vine a pedirte otra oportunidad!- de a pequeños pasos se iba acercando a mí.
-Creo que ya te dí una, por lo de Brenda, ¿lo recuerdas?- decidí encararlo, pero no me estaba resultando bien, no sentía que él tuviese la culpa por esto exactamente, solamente necesitaba culpar a alguien que no fuese yo misma por la partida de mi novio; o, a estas alturas... ex-novio.
-Claro que lo recuerdo, pero necesito otra, Demi, por favor...-
-Obviamente necesitas otra oportunidad, ahora que te aburriste de tener sexo con Ashley- ya ninguno gritaba, pero la conversación se tornaba cada vez más profunda.
-No, no digas eso...- sus cejas se bajaron, dejando su rostro como uno de los más inocentes, heridos, y tiernos que jamás vi -yo, Demi, yo no...-
-¿Me vas a negar que tuviste sexo con ella?- porque yo lo sabía, aunque nadie nunca me lo hubiese dicho, era una de esas verdades que tan sólo sabes, porque son tan ciertas que las ves en todas partes. Joseph selló y apretó sus labios, haciendo nada, además de confirmar lo que más me dolía -dijiste que me amabas, Joe.
Me sentí agotada, lo miré directo a los ojos, y, en un acto paralelo, nuestras miradas se humedecieron.
-Lo único que querías era sexo- y él seguía sin decir palabra alguna. El silencio concede. Estaba concediendo más de lo que deseaba. -y cuando yo no te pude satisfacer, cuando te dije que no estaba lista, me dejaste, me engañaste, te olvidaste de mí.-
Se movió más rápido de lo que pude pensar, lo que pasó después, fue que lo vi, llorando desconsoladamente, sujetaba mis dos manos en las suyas, y las apoyaba en su pecho, que se inflaba para luego volver a su posición normal, estaba muy agitado. "No", murmuró, en un sollozo apenas audible.
-Suéltame, me das asco- junto con las palabras, se escaparon también unas cuantas lágrimas, que se convirtieron en varias y muchas al paso de segundos. Intenté zafarme de sus fuertes extremidades, aunque, como era de esperarse, no me fue posible.
Soltó mis manos, pero puso las suyas en mis mejillas, que por cierto, estaban ardiendo; lo que, en conjunto con las torturadoras lágrimas, me hacían sentir miserable. Pero tan sólo el tacto, su cuidadoso tacto en mi piel, podían tranquilizarme, a pesar de todo.
-Puedes sentir cualquier cosa por mí- unió nuestras frentes y narices, como solía hacerlo, cuando mi vida estaba en el tope, cuando nada me perturbaba -pero yo te amo. Digas lo que digas, pienses lo que pienses, mi amor por ti es un hecho; es algo tan fuerte, tan fuerte, Demi, que mi estabilidad depende de ti. Todo depende de ti ahora, aunque siempre fue así. Siempre te necesité, ¿lo sabías?- su respiración impregnaba mis labios, tenía los ojos cerrados, y estaba segura de que él también, pero así, estaba todo más claro -cuando llegaste, llenaste esa parte que me faltaba. Y acepto, que soy el idiota más grande de este universo, pero soy un idiota que está perdida y locamente enamorado de ti, y así será, siempre. Y, si tú no sientes lo mismo por mí, bueno, nada cambiará mis sentimientos; porque esto es lo más fuerte que he sentido en mi corta vida.-
Entonces sucedió lo que marcaría el antes y el después.
Podía sentir cómo se acercaba, definitivamente, nada en mí quería evitarlo. Sus labios de a poco iban tocando los míos, hasta quedar unidos, perfectos, por completo. Las lágrimas eran ya un seco recuerdo en nuestros rostros, se separó de mí. "Te amo", dijo, y apenas, porque lo impulsé hacía mí, otra vez; porque lo necesitaba. Siempre fue él. Ahora, que lo tenía de nuevo, todo, mágicamente, volvía a estar en orden, todo en armonía, todo, hasta nosotros dos.
"Te amo", repetimos, ambos, reiteradamente entre los besos. Y los besos, los besos no eran tan sólo besos, eran, hasta el momento, la forma más pura y apasionante para demostrarnos todo lo que estábamos sintiendo. Lo amaba, y él a mí, y lo demás... lo demás no tenía importancia.
viernes, 25 de noviembre de 2011
viernes, 18 de noviembre de 2011
Young Love Murderer III
Me quedé en blanco, con mi boca entreabierta y mi rostro helado como un bloque de hielo. Travis estaba en una situación bastante parecida a la mía, dio dos pasos hacia tras y clavó su melancólica mirada en mis pupilas.
-Ehm- se aclaró la garganta de la dubitación -él... él es Joe, ¿verdad?-
Y esa pregunta me hizo sentir mucho más incómoda que antes, ¿cómo podría saber su nombre?.
-¿Cómo lo sabes?- le pregunté, necesitando obtener una respuesta.
-A veces... cuando duermes.- me contestó, y lo comprendí, y sentí lo triste que se sentía; quería correr a abrazarlo pero no era el momento, esto era mi culpa, por utilizarlo para tratar de olvidar a Joe; claramente no lo había logrado, porque pensaba en él hasta en mis sueños.
-Lo siento- dije, la pena llenaba mi cuerpo entero. Travis sólo se bajó de hombros y miró a Joseph.
-¿Puedo hablar contigo?- le preguntó. Él alzó su rostro y se acercaban de a poco.
-Travis, él no es mi novio- susurré cuando iban saliendo del departamento.
-¡Claro que sí!- vociferó Joe, deteniendo su marcha y dándose vuelta.
-¡No!- le grité de vuelta -terminamos hace medio año, ¿qué acaso no lo recuerdas?-
-Nunca terminamos oficialmente, Demi.-
-¿Y creías que seguiríamos juntos después de que me dejaste partir en ese taxi? Y ahora, ¿tanto te demoraste en venir por mí? ¿seis meses, Joseph?- le dije, estaba furiosa, estaba triste y aún no podía dejar de sentir el deseo de arrojarme en sus brazos y poder tocar, otra vez, nuestros labios.
-Lo intenté tantas veces, pero... por eso vine, ahora. Necesito explicarte todo, déjame hacerlo, por favor- juré que un poco más y se ponía de rodillas. Quería escucharlo, pero tenía que esperar.
Me arroje en el sillón, y evité su mirada, dando la conversación por terminada, luego él y Travis salieron, dejándome sola con esta extraña soledad y con el aire atascado en mi garganta, sin poder inhalar o exhalar, pero me daba lo mismo, mi mente estaba demasiado revuelta y mi corazón muy confundido como para pensar sobre mi respiración irregular.
El ambiente se tornaba más pesado y más torturador a cada segundo que pasaba, decidí ponerme unos shorts y unas zapatillas comunes y corrientes, pero, para mí sorpresa, se veían bien con la sudadera de Travis que ya traía puesta. Me até el cabello en una trenza, tomé mis llaves, mis anteojos de sol y una botella de agua para salir a caminar, a ver si encontraba una solución a todo esto que estaba pasando.
Caminé y caminé por muchas calles, ya estaba por el centro de la ciudad cuando encontré un pequeño parque que serviría como un lugar para acostarme a ver las nubes pasar. Me senté en la grama que crecía en total armonía con su alrededor. Una mariposa revoloteaba a mi lado, y envidié su libertad. Se fue volando y la seguí con la mirada, hasta que se perdió de vista, cuando pasó justo detrás de una pareja que se abrazaba calidamente.
Vi al muchacho y su cabello rizado me causó impresión, se parecía bastante al de él. Tenía una camisa a cuadros parecida, y el bolso, y... lo estaba mirando demasiado. Pero de pronto él también me miraba. Y sí era él, pero ella, ella no era Miley. Sus pequeños ojos cafés se escandalizaron cuando toparon con los míos. De un salto ya estaba parada y haciendo mi camino hacia él. Nick se puso de pie, también, y la rubia chica se quedó sentada sin saber qué estaba pasando. Quedamos a menos de cincuenta centímetros el uno del otro, la palma de mi mano fue directamente a su mejilla, sonando tan fuerte que logró asustarme.
Él tardó en reaccionar, pero cuando consiguió hacerlo, sólo asintió con la cabeza y tomó mi muñeca derecha.
-Prometo explicarte todo esto-
Y ya eran dos personas las que me debían explicaciones, casualidades que se daban en la familia de apellido Jonas.
Esa misma noche, yo y Nick nos sentábamos en mi cama. Primero me abrazó y me dijo lo mucho que me extrañaba. Todavía no tenía ni rastro de Travis, pero lo más probable es que haya ido a casa de su hermana. Mis intenciones no eran molestarlo, lo llamaría en un rato más.
-Bueno, yo vine a algo...- empezó, pero, por alguna razón, quise posponer el momento.
-No, antes, quiero hablarte de Joe.- dije, y mis mejillas ardieron y se ruborizaron como me pasaba cuando tenía diez años.
-¿De Joe?- me respondió él, bastante confundido -¿por qué? ¿qué pasó con Joe?-
Tragué, intenté tranquilizarme un poco para poder decir las cosas bien. Le relaté todo lo ocurrido desde hace un día, era tan poco el tiempo en que lo había vuelto a ver, pero me resultaba tan gratificante tenerlo cerca que mi mente trataba de pensar que nunca se había alejado de mí.
-Wow- dijo cuando finalicé.
-¿"Wow"? ¿es todo lo que dirás?- él me miraba con una media sonrisa formada en su rostro.
-¿Y cuánto tiempo vas a esperar para dejar de torturarlo?- me preguntó con el mismo gesto, y la misma expresión en sus ojos.
-¿A qué te refieres?- Nick siempre conseguía alterarme de algún modo.
-Él te ama, tú lo amas, es lógico, ¿no?- alzó una ceja y movió alternadamente sus manos.
-Él... Nicholas, él no me ama, nunca me amó- y de nuevo sentí mil espinas clavando mi pecho.
Espinas que se convirtieron en mariposas al ver a Joseph apoyado en el umbral de la puerta de mi habitación, con su mirada puesta sólo en mí, arrastraba sus pies.
-Por supuesto que te amé, y te amo, te amo más que a mí mismo, te amo con todas las fuerzas con que se puede amar a una persona, te amo porque sí, te amo porque necesito amarte, porque te necesito, y no quiero perderte-
Estiró una mano, la ofrecía hacia mí. Sin pensarlo la tomé, me ayudó a ponerme de pie, y como antes, me perdí en sus ojos que me elevaban a metros sobre el suelo.
Y esa pregunta me hizo sentir mucho más incómoda que antes, ¿cómo podría saber su nombre?.
-¿Cómo lo sabes?- le pregunté, necesitando obtener una respuesta.
-A veces... cuando duermes.- me contestó, y lo comprendí, y sentí lo triste que se sentía; quería correr a abrazarlo pero no era el momento, esto era mi culpa, por utilizarlo para tratar de olvidar a Joe; claramente no lo había logrado, porque pensaba en él hasta en mis sueños.
-Lo siento- dije, la pena llenaba mi cuerpo entero. Travis sólo se bajó de hombros y miró a Joseph.
-¿Puedo hablar contigo?- le preguntó. Él alzó su rostro y se acercaban de a poco.
-Travis, él no es mi novio- susurré cuando iban saliendo del departamento.
-¡Claro que sí!- vociferó Joe, deteniendo su marcha y dándose vuelta.
-¡No!- le grité de vuelta -terminamos hace medio año, ¿qué acaso no lo recuerdas?-
-Nunca terminamos oficialmente, Demi.-
-¿Y creías que seguiríamos juntos después de que me dejaste partir en ese taxi? Y ahora, ¿tanto te demoraste en venir por mí? ¿seis meses, Joseph?- le dije, estaba furiosa, estaba triste y aún no podía dejar de sentir el deseo de arrojarme en sus brazos y poder tocar, otra vez, nuestros labios.
-Lo intenté tantas veces, pero... por eso vine, ahora. Necesito explicarte todo, déjame hacerlo, por favor- juré que un poco más y se ponía de rodillas. Quería escucharlo, pero tenía que esperar.
Me arroje en el sillón, y evité su mirada, dando la conversación por terminada, luego él y Travis salieron, dejándome sola con esta extraña soledad y con el aire atascado en mi garganta, sin poder inhalar o exhalar, pero me daba lo mismo, mi mente estaba demasiado revuelta y mi corazón muy confundido como para pensar sobre mi respiración irregular.
El ambiente se tornaba más pesado y más torturador a cada segundo que pasaba, decidí ponerme unos shorts y unas zapatillas comunes y corrientes, pero, para mí sorpresa, se veían bien con la sudadera de Travis que ya traía puesta. Me até el cabello en una trenza, tomé mis llaves, mis anteojos de sol y una botella de agua para salir a caminar, a ver si encontraba una solución a todo esto que estaba pasando.
Caminé y caminé por muchas calles, ya estaba por el centro de la ciudad cuando encontré un pequeño parque que serviría como un lugar para acostarme a ver las nubes pasar. Me senté en la grama que crecía en total armonía con su alrededor. Una mariposa revoloteaba a mi lado, y envidié su libertad. Se fue volando y la seguí con la mirada, hasta que se perdió de vista, cuando pasó justo detrás de una pareja que se abrazaba calidamente.
Vi al muchacho y su cabello rizado me causó impresión, se parecía bastante al de él. Tenía una camisa a cuadros parecida, y el bolso, y... lo estaba mirando demasiado. Pero de pronto él también me miraba. Y sí era él, pero ella, ella no era Miley. Sus pequeños ojos cafés se escandalizaron cuando toparon con los míos. De un salto ya estaba parada y haciendo mi camino hacia él. Nick se puso de pie, también, y la rubia chica se quedó sentada sin saber qué estaba pasando. Quedamos a menos de cincuenta centímetros el uno del otro, la palma de mi mano fue directamente a su mejilla, sonando tan fuerte que logró asustarme.
Él tardó en reaccionar, pero cuando consiguió hacerlo, sólo asintió con la cabeza y tomó mi muñeca derecha.
-Prometo explicarte todo esto-
Y ya eran dos personas las que me debían explicaciones, casualidades que se daban en la familia de apellido Jonas.
Esa misma noche, yo y Nick nos sentábamos en mi cama. Primero me abrazó y me dijo lo mucho que me extrañaba. Todavía no tenía ni rastro de Travis, pero lo más probable es que haya ido a casa de su hermana. Mis intenciones no eran molestarlo, lo llamaría en un rato más.
-Bueno, yo vine a algo...- empezó, pero, por alguna razón, quise posponer el momento.
-No, antes, quiero hablarte de Joe.- dije, y mis mejillas ardieron y se ruborizaron como me pasaba cuando tenía diez años.
-¿De Joe?- me respondió él, bastante confundido -¿por qué? ¿qué pasó con Joe?-
Tragué, intenté tranquilizarme un poco para poder decir las cosas bien. Le relaté todo lo ocurrido desde hace un día, era tan poco el tiempo en que lo había vuelto a ver, pero me resultaba tan gratificante tenerlo cerca que mi mente trataba de pensar que nunca se había alejado de mí.
-Wow- dijo cuando finalicé.
-¿"Wow"? ¿es todo lo que dirás?- él me miraba con una media sonrisa formada en su rostro.
-¿Y cuánto tiempo vas a esperar para dejar de torturarlo?- me preguntó con el mismo gesto, y la misma expresión en sus ojos.
-¿A qué te refieres?- Nick siempre conseguía alterarme de algún modo.
-Él te ama, tú lo amas, es lógico, ¿no?- alzó una ceja y movió alternadamente sus manos.
-Él... Nicholas, él no me ama, nunca me amó- y de nuevo sentí mil espinas clavando mi pecho.
Espinas que se convirtieron en mariposas al ver a Joseph apoyado en el umbral de la puerta de mi habitación, con su mirada puesta sólo en mí, arrastraba sus pies.
-Por supuesto que te amé, y te amo, te amo más que a mí mismo, te amo con todas las fuerzas con que se puede amar a una persona, te amo porque sí, te amo porque necesito amarte, porque te necesito, y no quiero perderte-
Estiró una mano, la ofrecía hacia mí. Sin pensarlo la tomé, me ayudó a ponerme de pie, y como antes, me perdí en sus ojos que me elevaban a metros sobre el suelo.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Young Love Murderer II
El suave y esponjoso algodón de las sábanas acariciaba la desnuda piel de mis piernas, Travis estaba sobre mí dando pequeños besos en la comisura de mis labios. Mi cuerpo ansiaba el calor del suyo, lo abracé, aferrándome a su tibia piel que estaba cubierta sólo por su ropa interior.
-¿Te sientes mejor, amor?- me preguntó sonriendo de forma adorable.
Asentí para luego besarlo inmediatamente. Hace algunas horas él entró al camarín sólo unos minutos después de mí, me encontró llorando, echa un ovillo en el piso de madera que estaba cubierto de polvo, y congestionaba aún más mi nariz. Me vi forzada a mentirle respecto a mis lágrimas, "extraño a mi familia", dije. Bueno, éso no era mentira...
-Sí- le respondí, totalmente inexpresiva.
-Vamos, regálame una sonrisa-
Le sonreí, "amo tu cuando sonríes", dijo justo antes de besarme otra vez.
Se vistió después de ofrecerse a ir a comprar la comida para hacer un almuerzo. Yo me quedé recostada en la cama viendo televisión. Al cabo de unos cinco minutos tocaron el timbre, miré a mi lado y vi el teléfono celular de mi novio en el velador, "es tan olvidadizo", pensé, lo agarré y sin pensarlo fui a abrir la puerta.
El problema fue que no era mi novio. Apenas abrí la puerta y lo vi parado ahí, deseé haberme quedado acostada por siempre.
Mi pecho se apretó, apenas podía respirar, ¿por qué me seguía causando esto?.
-¿Puedo pasar?- dijo después de notar que yo no hacía nada. Asentí como por reflejo y le abrí camino hacia los sillones de la pequeña sala de mi departamento.
Cerré la puerta tras de mí, él me miró de pies a cabeza, "deberías ponerte...", dijo.
-Sí, lo sé- ya me había dado cuenta de que estaba todavía en mi ropa interior solamente. De algún modo, me dolía que él ya no pudiera verme así. Tomé una sudadera de Travis y me la puse torpemente.
Joe se acercó a mí, trató de tomarme por los brazos pero lo rechacé por completo.
-¿Podemos hablar?- me preguntó, sacudiendo sus manos a los costados de su cuerpo, como necesitando hacer algo.
-Estamos hablando, ¿no?- le respondí, me costaba ser tan fría con él. Deseé poder estar acurrucada en sus brazos, como en los viejos tiempos, era algo imperativo, mi corazón me lo exigía. Pero yo sabía que no podía, o mi orgullo me lo impedía.
-Me refiero a tener una conversación como personas civilizadas, Demi.- me dirigió una mirada de frustración, con la frase atascada en su boca por un tipo de desesperación.
-¿No querrás decir "personas maduras"? Porque si fuera por eso, te quedaría más fácil ir a hablar con Ashley, ¿no?- le reclamé, arrojando cada palabra con más desprecio del necesario.
Se tapó la cara con sus manos y dijo algo que no logré entender. Acto seguido, me miró directo a los ojos y en menos de un segundo sus brazos rodeaban mi cuerpo, me sujetó fuerte, pude sentirlo otra vez. Pude sentir su corazón latiendo con fuerza, el calor que emanaba, y el sentimiento que me transmitía. Con mis dedos me aferré a su polera, rasguñando su piel debajo de ésta.
-Tú también me extrañas- susurró y apoyó su mejilla en mi cabeza. Sí, él no tenía idea de todo lo que lo extrañé en este tiempo; ni siquiera yo me había dado cuenta, hasta ahora.
Levanté mi rostro y toqué con mi nariz su cuello, e inmediatamente un billón de mariposas revolotearon en mi estómago. Apreté fuerte mis párpados, mi corazón me pedía llorar, pero yo no quería.
-Ya me diste una segunda oportunidad, pero lo que de verdad necesito es una tercera...- sollozó, soltándome y tomando ahora mis manos. Lo observé hasta el momento en que advertí lo cerca que estábamos el uno del otro, como antes. Tal vez hayamos cambiado personalmente, pero entre los dos, nunca consiguió romperse ese lazo que nos unía, ése lazo que era mucho más importante que cualquier cosa.
Negué rápido con la cabeza, Joe se me quedó mirando sorprendido.
-¿Ya no sientes nada por mí?- su voz sonaba dolida, sus ojos lo reflejaban, también.
-Siento todo lo de antes y mucho más- le dije, sin pelos en la lengua, era hora de ser sincera con él, pero sobre todo, conmigo misma, este auto-engaño no daba para más -no sabes cómo deseo estar contigo cada noche cuando me acuesto, no sabes cómo extraño tu barba raspando mi rostro; no tienes idea de cómo extraño los besos que me dabas...- tomé una gran bocanada de aire para luego exhalar todo -extraño que me digas cuánto me necesitas.-
-Entonces, Demi, ¿por qué no puedes darme otra oportunidad?- me suplicó, hablando más fuerte que antes -yo aún te amo, cada día te amo y te extraño más y sinceramente no puedo seguir viviendo así...-
-No es tan fácil, me hiciste mucho daño, Joseph-
Él miraba por encima de mi hombro, sentí el ruido de la puerta atascándose contra el marco, Travis entraba con una sonrisa en el rostro, con la respiración agitada, fue hacia mí y besó mis labios con fuerza.
-Se me olvidó mi celular- rió. Él siempre estaba riendo o haciendo bromas, quizá fuera por eso que nos llevábamos tan bien. Pero la verdad era sólo eso, yo lo quería más como un amigo que como un amante.
-Hola, ¿quién eres?- dijo dirigiéndose a Joe con inocencia y con la misma alegría que traía desde que entró al departamento. Miré a Joseph y vi como secaba rápidamente una lágrima solitaria que iba cayendo por su mandíbula.
-Soy su novio- respondió Joe... y fue el momento más incómodo del mundo.
-¿Te sientes mejor, amor?- me preguntó sonriendo de forma adorable.
Asentí para luego besarlo inmediatamente. Hace algunas horas él entró al camarín sólo unos minutos después de mí, me encontró llorando, echa un ovillo en el piso de madera que estaba cubierto de polvo, y congestionaba aún más mi nariz. Me vi forzada a mentirle respecto a mis lágrimas, "extraño a mi familia", dije. Bueno, éso no era mentira...
-Sí- le respondí, totalmente inexpresiva.
-Vamos, regálame una sonrisa-
Le sonreí, "amo tu cuando sonríes", dijo justo antes de besarme otra vez.
Se vistió después de ofrecerse a ir a comprar la comida para hacer un almuerzo. Yo me quedé recostada en la cama viendo televisión. Al cabo de unos cinco minutos tocaron el timbre, miré a mi lado y vi el teléfono celular de mi novio en el velador, "es tan olvidadizo", pensé, lo agarré y sin pensarlo fui a abrir la puerta.
El problema fue que no era mi novio. Apenas abrí la puerta y lo vi parado ahí, deseé haberme quedado acostada por siempre.
Mi pecho se apretó, apenas podía respirar, ¿por qué me seguía causando esto?.
-¿Puedo pasar?- dijo después de notar que yo no hacía nada. Asentí como por reflejo y le abrí camino hacia los sillones de la pequeña sala de mi departamento.
Cerré la puerta tras de mí, él me miró de pies a cabeza, "deberías ponerte...", dijo.
-Sí, lo sé- ya me había dado cuenta de que estaba todavía en mi ropa interior solamente. De algún modo, me dolía que él ya no pudiera verme así. Tomé una sudadera de Travis y me la puse torpemente.
Joe se acercó a mí, trató de tomarme por los brazos pero lo rechacé por completo.
-¿Podemos hablar?- me preguntó, sacudiendo sus manos a los costados de su cuerpo, como necesitando hacer algo.
-Estamos hablando, ¿no?- le respondí, me costaba ser tan fría con él. Deseé poder estar acurrucada en sus brazos, como en los viejos tiempos, era algo imperativo, mi corazón me lo exigía. Pero yo sabía que no podía, o mi orgullo me lo impedía.
-Me refiero a tener una conversación como personas civilizadas, Demi.- me dirigió una mirada de frustración, con la frase atascada en su boca por un tipo de desesperación.
-¿No querrás decir "personas maduras"? Porque si fuera por eso, te quedaría más fácil ir a hablar con Ashley, ¿no?- le reclamé, arrojando cada palabra con más desprecio del necesario.
Se tapó la cara con sus manos y dijo algo que no logré entender. Acto seguido, me miró directo a los ojos y en menos de un segundo sus brazos rodeaban mi cuerpo, me sujetó fuerte, pude sentirlo otra vez. Pude sentir su corazón latiendo con fuerza, el calor que emanaba, y el sentimiento que me transmitía. Con mis dedos me aferré a su polera, rasguñando su piel debajo de ésta.
-Tú también me extrañas- susurró y apoyó su mejilla en mi cabeza. Sí, él no tenía idea de todo lo que lo extrañé en este tiempo; ni siquiera yo me había dado cuenta, hasta ahora.
Levanté mi rostro y toqué con mi nariz su cuello, e inmediatamente un billón de mariposas revolotearon en mi estómago. Apreté fuerte mis párpados, mi corazón me pedía llorar, pero yo no quería.
-Ya me diste una segunda oportunidad, pero lo que de verdad necesito es una tercera...- sollozó, soltándome y tomando ahora mis manos. Lo observé hasta el momento en que advertí lo cerca que estábamos el uno del otro, como antes. Tal vez hayamos cambiado personalmente, pero entre los dos, nunca consiguió romperse ese lazo que nos unía, ése lazo que era mucho más importante que cualquier cosa.
Negué rápido con la cabeza, Joe se me quedó mirando sorprendido.
-¿Ya no sientes nada por mí?- su voz sonaba dolida, sus ojos lo reflejaban, también.
-Siento todo lo de antes y mucho más- le dije, sin pelos en la lengua, era hora de ser sincera con él, pero sobre todo, conmigo misma, este auto-engaño no daba para más -no sabes cómo deseo estar contigo cada noche cuando me acuesto, no sabes cómo extraño tu barba raspando mi rostro; no tienes idea de cómo extraño los besos que me dabas...- tomé una gran bocanada de aire para luego exhalar todo -extraño que me digas cuánto me necesitas.-
-Entonces, Demi, ¿por qué no puedes darme otra oportunidad?- me suplicó, hablando más fuerte que antes -yo aún te amo, cada día te amo y te extraño más y sinceramente no puedo seguir viviendo así...-
-No es tan fácil, me hiciste mucho daño, Joseph-
Él miraba por encima de mi hombro, sentí el ruido de la puerta atascándose contra el marco, Travis entraba con una sonrisa en el rostro, con la respiración agitada, fue hacia mí y besó mis labios con fuerza.
-Se me olvidó mi celular- rió. Él siempre estaba riendo o haciendo bromas, quizá fuera por eso que nos llevábamos tan bien. Pero la verdad era sólo eso, yo lo quería más como un amigo que como un amante.
-Hola, ¿quién eres?- dijo dirigiéndose a Joe con inocencia y con la misma alegría que traía desde que entró al departamento. Miré a Joseph y vi como secaba rápidamente una lágrima solitaria que iba cayendo por su mandíbula.
-Soy su novio- respondió Joe... y fue el momento más incómodo del mundo.
sábado, 29 de octubre de 2011
Young Love Murderer I
La luz proveniente del gran foco caía sobre mí, y se apagaba de repente. Los acordes terminaban y una sonrisa nacía en mi rostro. Aplausos ensordecedores producían una energía que se extendía por todo mi cuerpo. De a poco el telón se fue cerrando hasta que nadie pudo verme. Corrí a la parte posterior del escenario donde me esperaba él. Lo abracé, me levantó con facilidad, "felicitaciones" dijo, y me besó.
Juilliard fue mi sueño desde que tengo uso de razón. Y ahora, estaba por fin acá, haciendo realidad mis ilusiones. Hace seis meses llegué a New York City, sólo para esto. Me aceptaron en la academia a mitad de año... cursaba las clases de Música, teatro y danza. Tuve el placer y la suerte de que me eligieran para el acto final del show de fin de año.
Mi novio actual era Travis Clark, un pelirrojo proveniente de Florida. Nos conocimos en mi primer día en la academia, fuimos amigos por cuatro meses, y hace dos meses atrás decidimos dar el siguiente paso, todo iba de maravillas.
Todos mis amigos se acercaron a abrazarme y darme sus buenas opiniones sobre mi presentación. No pude hacer más que agradecerles. En el tiempo que había estado en ese lugar, me había sentido mucho mejor. Todos eran agradables conmigo, por las tardes nos juntábamos algunos sólo a cantar, aquí cada uno de nosotros compartíamos la misma pasión, a veces había competencia, pero, en general, todos nos dedicábamos a disfrutar juntos. Aunque, a pesar de todo lo bien que había ido mi vida en esta ciudad, aún tenía cicatrices abiertas, y el hecho de que tuviera novio, no significaba que mi corazón no estuviese aún roto.
Conversaba con mis compañeros, mientras Travis me abrazaba por la espalda y su aliento producía cosquillas en mi oreja. Los padres iban llegando de a poco a felicitar a sus hijos, los hermanos menores observaban a los mayores con ojos soñadores, anhelando ser como ellos.
Nadie llegaría a verme.
Me di vuelta y busqué la mirada de mi novio. Sus parientes lo esperaban a un costado, debía despedirme. Lo besé ansiosa y él me sonrió, prometió llamarme luego y se dirigió hacia las cinco personas que deseaban felicitarlo y decirle lo orgullosos que estaban de él.
Observé la tierna escena, riéndome de mí misma al saber que yo no tendría eso nunca más. Ahora estaba sola. Quise salir del edificio. Di un giro en mis pies, y caminé observando mis zapatos. Pero llegado un momento, unas zapatillas se cruzaron en mi trayecto. Esperé lo suficiente como para que se movieran, y así yo podría seguir caminando, pero no ocurrió.
Alcé mi vista. Refregué mis ojos esperando a que no fuera verdad. Me alejé instintivamente y en su mirada apareció un brillo de tristeza. No quería verlo, pero en ese instante todo lo demás desapareció.
Sonrió ladeando sus atractivos labios que aún no podía borrar de mi mente, no era tan lindo antes.
Abrí mi boca para decir algo, al notar que ningún sonido era capaz de salir, la cerré.
-Lo hiciste excelente- dijo como si nada hubiese ocurrido entre nosotros, sacó una de sus manos de detrás de su espalda y me ofreció un pequeño pero hermoso ramo de flores -felicitaciones- siguió, como si nada.
Me sorprendió con un repentino abrazo, pero apenas su piel tocó la mía, lo alejé.
-¿Qué sucede?- preguntó con aire inocente.
-¿Que qué sucede?- protesté; ¿cómo se atrevía a llegar sin previo aviso, y actuar como si aún le importara?.
El hecho de haberme dejado sin aire al verlo... ¿no era suficiente?, ¿no se daba cuenta de lo que me causaba?, ¿no recordaba lo perdidamente enamorada que estoy o estaba de él?, por supuesto que lo recuerda, se lo dije y demostré más veces de las necesarias.
No podía creer que mi cuerpo aún se estremeciera de esa forma. Esto no podía seguir así... yo debía olvidarlo de una vez por todas, debía dejarle claro que no quería verlo nunca más; debía decirle que ya no lo necesitaba... aunque me estuviese engañando a mí misma.
-Vete- refunfuñé entre dientes, con mi mirada perdida en su pecho. Me volteé, lo escuché devolverme las palabras pero ya estaba muy lejos como para escucharlo. Sentí un dolor atravesándome el pecho, pero debía mantenerme fuerte. Arrojé las flores lo más lejos posible, corrí hacia los camarines y ya no resistí más.
Juilliard fue mi sueño desde que tengo uso de razón. Y ahora, estaba por fin acá, haciendo realidad mis ilusiones. Hace seis meses llegué a New York City, sólo para esto. Me aceptaron en la academia a mitad de año... cursaba las clases de Música, teatro y danza. Tuve el placer y la suerte de que me eligieran para el acto final del show de fin de año.
Mi novio actual era Travis Clark, un pelirrojo proveniente de Florida. Nos conocimos en mi primer día en la academia, fuimos amigos por cuatro meses, y hace dos meses atrás decidimos dar el siguiente paso, todo iba de maravillas.
Todos mis amigos se acercaron a abrazarme y darme sus buenas opiniones sobre mi presentación. No pude hacer más que agradecerles. En el tiempo que había estado en ese lugar, me había sentido mucho mejor. Todos eran agradables conmigo, por las tardes nos juntábamos algunos sólo a cantar, aquí cada uno de nosotros compartíamos la misma pasión, a veces había competencia, pero, en general, todos nos dedicábamos a disfrutar juntos. Aunque, a pesar de todo lo bien que había ido mi vida en esta ciudad, aún tenía cicatrices abiertas, y el hecho de que tuviera novio, no significaba que mi corazón no estuviese aún roto.
Conversaba con mis compañeros, mientras Travis me abrazaba por la espalda y su aliento producía cosquillas en mi oreja. Los padres iban llegando de a poco a felicitar a sus hijos, los hermanos menores observaban a los mayores con ojos soñadores, anhelando ser como ellos.
Nadie llegaría a verme.
Me di vuelta y busqué la mirada de mi novio. Sus parientes lo esperaban a un costado, debía despedirme. Lo besé ansiosa y él me sonrió, prometió llamarme luego y se dirigió hacia las cinco personas que deseaban felicitarlo y decirle lo orgullosos que estaban de él.
Observé la tierna escena, riéndome de mí misma al saber que yo no tendría eso nunca más. Ahora estaba sola. Quise salir del edificio. Di un giro en mis pies, y caminé observando mis zapatos. Pero llegado un momento, unas zapatillas se cruzaron en mi trayecto. Esperé lo suficiente como para que se movieran, y así yo podría seguir caminando, pero no ocurrió.
Alcé mi vista. Refregué mis ojos esperando a que no fuera verdad. Me alejé instintivamente y en su mirada apareció un brillo de tristeza. No quería verlo, pero en ese instante todo lo demás desapareció.
Sonrió ladeando sus atractivos labios que aún no podía borrar de mi mente, no era tan lindo antes.
Abrí mi boca para decir algo, al notar que ningún sonido era capaz de salir, la cerré.
-Lo hiciste excelente- dijo como si nada hubiese ocurrido entre nosotros, sacó una de sus manos de detrás de su espalda y me ofreció un pequeño pero hermoso ramo de flores -felicitaciones- siguió, como si nada.
Me sorprendió con un repentino abrazo, pero apenas su piel tocó la mía, lo alejé.
-¿Qué sucede?- preguntó con aire inocente.
-¿Que qué sucede?- protesté; ¿cómo se atrevía a llegar sin previo aviso, y actuar como si aún le importara?.
El hecho de haberme dejado sin aire al verlo... ¿no era suficiente?, ¿no se daba cuenta de lo que me causaba?, ¿no recordaba lo perdidamente enamorada que estoy o estaba de él?, por supuesto que lo recuerda, se lo dije y demostré más veces de las necesarias.
No podía creer que mi cuerpo aún se estremeciera de esa forma. Esto no podía seguir así... yo debía olvidarlo de una vez por todas, debía dejarle claro que no quería verlo nunca más; debía decirle que ya no lo necesitaba... aunque me estuviese engañando a mí misma.
-Vete- refunfuñé entre dientes, con mi mirada perdida en su pecho. Me volteé, lo escuché devolverme las palabras pero ya estaba muy lejos como para escucharlo. Sentí un dolor atravesándome el pecho, pero debía mantenerme fuerte. Arrojé las flores lo más lejos posible, corrí hacia los camarines y ya no resistí más.
viernes, 14 de octubre de 2011
ANUNCIO (:
¡Hola!, ¿cómo están? :D bueno, les vengo a decir que... sí voy a escribir más capítulos, como que me lo han pedido mucho, y me han ayudado bastante, de verdad me han demostrado de que les gustó mi novela :3 y se los agradezco demasiado. Bueno, como avisé antes, serán solo unos pocos capítulos, pero no se llamará "Enchanted". Ah, voy a escribir en un tiempo más, no mucho, pero sí suficiente como para renovar todas mis ideas, y así vengo y les dejo capítulos de calidad jajaja bueno, eso, muchas muchas gracias. Esto lo hago para que no se desesperen, y para que esperen con paciencia los nuevos capítulos :3 cuídense, hasta pronto.
sábado, 8 de octubre de 2011
Enchanted ~ 30 (último capítulo).
Antes de que empiecen a leer este capítulo... quería agradecerles mucho, por todo. Empecé esta novela, porque necesitaba algo con qué desahogarme, descubrí que escribir me ayuda mucho; y al saber, al notar que ustedes la reciben tan bien, me hacen sentir mucho mejor.
Cada vez que tengo algún sentimiento fuerte, sea bueno o malo, me alegra poder construir uno de estos capítulos, sólo con mis sentimientos. Además, necesitaba algo dónde plasmar todas las ideas sobre esta pareja que es mi favorita.
Bueno, este ya es el capítulo número 30... wow. Bueno, ¿saben qué?, a pesar de todo, de todos estos capítulos, aún no he podido publicar todas mis ideas, por eso, quería ofrecerles algo.
Si ustedes me ayudan a que más personas lean esta novela, porque no creo que hayan tan pocos Jemi fans, escribiré más capítulos; sólo si me ayudan. No planeo una segunda temporada, unos cuantos capítulos más, para que sepan lo que pasa después. A no ser de que queden conformes con este final :)
Bueno, disfruten el capítulo, gracias por darme esta linda experiencia, y ¡nunca dejen de creer en Jemi!.
_______________________________________________________________
Desperté. Miré al blanco techo de mi habitación, qué sueño tan extraño. Hoy la llamaría, y ella me diría que quería pasar este día conmigo, que me amaba. Me puse de lado... y sentí la humedad impregnada en mi almohada, delatando mis lágrimas infinitas que habían corrido hasta la madrugada. Esto no podía ser cierto, no. Mis latidos se aceleraron, y mis ojos empezaban a mojarse. "No, no, no", murmuraba repetidas veces. ¿De verdad pude ser tan torpe?, ¿de verdad arruiné todo?. Necesitaba a alguien que me dijera que todo estaría bien, como antes.
Bajé hasta la cocina, las empleadas limpiaban el desastre que habíamos dejado. Pasé por la suave alfombra, entré y saqué una manzana de la gran fuente de frutas. La lavé, apenas le di un mordisco ya no quería más; me sentía pésimo. Volví a mi habitación, no sabía qué hacer, no tenía ganas de hacer nada.
Marqué en mi celular el número de la primera persona que se me vino a la cabeza, mi consejero, mi mejor amigo, y al mismo tiempo, mi hermano.
-Nick- pude apenas decir cuando me contestó, después de tres tonos de marcado. -Nick, ¿puedes venir a mi habitación?- necesitaba alguien con quién poder desahogarme, alguien que me escuchara. Si bien sabía de que sólo debía hablar con Demi, y disculparme; necesitaba un buen apoyo antes.
-No estoy en casa... Joe, ¿no vas al aeropuerto?-
-¿Qué? ¿De qué demonios hablas?- le respondí casi gritando -de verdad necesito hablar contigo, es respecto a Demi- y en ese momento mi corazón empezaba a apretarse.
-¿Qué sucedió?- parecía asustado -mira, apenas llegue a casa hablamos. Además ten claro que todos la vamos a extrañar.-
¿Por qué decía eso?, mi mente se retorcía tratando de buscar una solución a todo este lío, tratando de explicar las palabras de mi hermano; mientras mis corazón se apretujaba y las lágrimas amenazaban con salir al recordar lo que había pasado la noche anterior. Nunca me perdonaría el haberla hecho llorar de esa forma tan profunda y cruda. Lucía como un cachorrito herido bajo la lluvia; siempre relacionaba la lluvia con las escenas románticas de las películas, pero nunca recordaba los contrastes que mostraban, hasta la jornada anterior, en que presencié y causé yo mismo una, que definitivamente, jamás olvidaría.
-¿Qué quieres decir...?- pregunté como un pequeño niño a punto de recibir un castigo.
-Joe, ¿qué te dijo Demi anoche, cuando fuiste tras ella?- me cuestionó.
-Nada en especial, estaba muy... enojada, y triste, pero-
-Ella tenía que hablar contigo por una razón, Joe. ¿No te dijo nada "importante"?- dijo acentuando la última palabra.
Yo me quedé en silencio... el silencio concede, y Nick lo sabía.
-Debes ir al aeropuerto ahora mismo, Demi se irá, Joseph. Debes despedirte de ella.- sentenció.
"No", estaba siendo una palabra muy repetida dentro de mi mente, pero nada más podía decir. No, esto no podía estar pasando. No me di el trabajo de fijarme si había cortado la llamada, pero arrojé el aparato en la misma cama y me vestí con la rapidez de un rayo. Tomé el llavero del que colgaban todas mis llaves y corrí hacia mi auto. Introduje la llave en el agujero, y la giré, encendiendo el motor. Pisé el acelerador hasta el fondo produciendo un fuerte y molesto ruido. Retrocedí rápidamente y partí hacia el destino del que mi hermano me advirtió. El trayecto hacia el terminal de aviones era de poco más de media hora...
Mis dedos se aferraban al volante, no sabía cuánto tiempo más podía contenerme. Apreté mis labios, y mis ojos se cubrían completamente con mis lágrimas. Tenía un deseo enorme de detenerme al costado de la autopista y liberarme por fin de toda esta sobrecarga de sentimientos; pero necesitaba ver a Demi, no podía dejarla ir así como así, no podía dejar que se vaya sin siquiera despedirme, no podía cometer otro error. Debía arreglar todo, debía disculparme, debía... recoger los trozos de su corazón que yo mismo había roto. La radio sonaba, pero no estaba escuchando. Apenas veía las líneas que delimitaban el camino, y mi mente estaba en otro lugar, flotando en algún lado del vasto universo.
Mi corazón palpitaba precipitadamente, y en cualquier momento sentía que se detendría. Un dolor me invadía el cuerpo entero; ¿y si no volvía a verla?.
"Demi, te amo" susurré, y en ese preciso instante comencé a llorar. Lo único que deseaba, era que me perdonara, que me sonriera otra vez, que me dejara ver sus ojos brillar de emoción, que me dejara poder tocar su tibia piel, y disfrutar de su hipnotizante aroma. Pero... yo no podía perdonarme a mí mismo, por mis acciones y las consecuencias que éstas trajeron consigo.
Me faltaba muy poco para llegar, empecé a desesperarme, veía aviones despegar, esperaba que ella no fuera en ninguno de aquellos, confiaba en que fuera así. Me estacioné en cualquier parte y bajé corriendo. "Vuelos internacionales", no creía. Entré y subí al ascensor, una pequeña niña rubia observaba asustada mi llanto, pensé que... ella tal vez creía, que los hombres no pueden llorar. "Piso 3, vuelos nacionales", escuché decir a través del parlante. Apenas se abrieron las puertas salí disparado, oí como una señora me gritaba que fuera más cuidadoso, pero seguí corriendo. Le rogaba a todas las fuerzas del destino para que conspiraran a mi favor, veía miles y miles de personas, pero no a la que yo quería. Sería un problema encontrarla en este lugar.
Ya no podía correr más, me apoyé en una muralla y bajé lentamente hasta quedar sentado en el suelo, estaba frío. La frustración me invadía, lloré desconsoladamente, desesperado por encontrar a la mujer que amaba. Nadie notaba mi presencia, veía zapatos pasar fugaces junto a mí, las ruedas de las maletas rodando, cuerpos chocando. Necesitaba tenerla de vuelta conmigo, se había convertido en una parte esencial de mi ser, ella era la inspiración para cada cosa que hacía, la pensaba en cada segundo... y ahora, no estaba, ¿qué sería de mí?; no podía visualizarme sin Demi. No podía aceptar que ese amor probablemente nunca más lo presenciaría. No quería darme por vencido. La amaba, ¿no es cierto?. Sí, ésa era la verdad, la amaba demasiado. Debía encontrar una solución, debía seguir insistiendo.
"Pasajeros del vuelo 143 a New York City, abordar por puerta de embarque número 7". Eso fue todo. No necesitaba más que oír, algo en mi interior se encendió y me dijo a gritos que debía ir tras el único verdadero amor de mi vida. Corrí, esta vez esperanzado, aún no se iría; ella no podía irse si me veía.
Puerta 4, 5, 6... puerta 7. No me detuve un instante, era ahora o nunca, todo o nada. Debía portar un pasaje que no tenía, me escurrí bajo el marco, causando gritos de los guardias, se hablaban por los radios, diciéndose unos a otros que detengan al muchacho de la polera azul. Ésto debía ser rápido. ¿Dónde estás?, me preguntaba. En el mesón, de espaldas a mí; reconocería esa silueta en cualquier parte.
-¡Demi!- vociferé -¡DEMI!- y aún más fuerte. Ella volteó, sí, era ella. Corrí, halado por su persona.
Pero esto no era una película. Un cuerpo enorme, imponente, se plantó entre ella y yo.
-No- dijo su padre, mirándome serio, muy serio, furioso.
-¡Por favor!- le implore, y las lágrimas renacían -necesito hablar con su hija sólo un momento.-
-Ya le has causado bastante daño- me encaró, y me empujó con sus grandes manos desde mi pecho.
Ella. Se asomó por entre el corpulento y robusto cuerpo de su papá, y lo miró compasiva. Tocó delicadamente su brazo, "está bien, papá, será sólo un momento... y no va a cambiar nada".
Sus palabras llegaron hasta lo más profundo de mí, sí podía cambiar esto... debía hacerlo, o intentarlo. Su mirada se encontraba triste, desolada. Sus labios estaban quietos, rectos. No llevaba maquillaje ni ropas caras, y aún así, parecía un ángel.
-Demi...- murmuré y mi mentón tiritaba, causando un hilo desigual en mi voz. Quería abrazarla, pero tenía claro que muchas cosas me lo impedían. Ella me dirigió una fría mirada. -Demi- sollocé. -perdóname, por favor, bonita. Perdón por todo esto...- le dije llorando, ella no hacía más que observarme.
-Yo no soy a quién debes pedir perdón- contestó cortante.
-Entonces, te pido que por favor intentes olvidar el daño que te causé, por favor... Demi- mis manos se dirigieron a tocar sus hombros, pero se detuvieron a medio camino, las azoté en el aire, frustrado, destrozado, y las volví a bajar. -me arrepiento tanto.-
Ella trató de esconder sus ojos llorosos, se contuvo, y volvió a dirigirme la mirada... seguía como antes, no soportaba tener que verla de esta manera.
-Yo no puedo seguir esto, ya no más- me dijo con su voz quebrándose; lo que me causó mucho más dolor. Lloré con más fuerzas, y ella intentaba no hacerlo.
-No digas eso- le respondí, alzando mi voz -podemos intentarlo de nuevo... pero no te vayas, por favor- mi llanto era más que yo, y nadie estaba como para poder acompañarme.
-¿Crees que por venir hasta acá voy a cancelar mi viaje?, ¿crees que es así de sencillo?- me enfrentó cambiando drásticamente su tono de voz. -Pues no lo es- apretó su mandíbula. -yo no voy a dejar mis planes sólo por ti... en especial por alguien como tú.-
Esto no estaba saliendo de la forma esperada, ni mi egocéntrica forma de verme me daba confianza como para poder manejar la situación. Sin ella, yo sólo era yo. Necesitaba ser un nosotros. Mi corazón sufría y dolía más cada segundo que pasaba, y las lágrimas no paraban ni un instante.
-Te amo...- sollocé como último recurso.
Ella detuvo su vista en la imagen de mí, llorando. Vaciló un instante, y escuché cómo tragaba su propia saliva.
-... estuve encantada de conocerte, Joseph- y su voz se desmoronó. Se volteó antes de que yo pudiera verla derramar la primera lágrima. Caminó en dirección a la manga que la llevaría al avión, dónde la esperaban su padre y sus empleados.
Ya todo estaba dicho, ya nada podía hacer. Había puesto todas mis cartas sobre la mesa, y perdí el juego más importante. Perdí el juego, que de juego no tenía nada. Me destruí. Mi llanto se hizo más sonoro que antes, ya nada importaba, ya nada podía interesarme si la perdía.
La vi caminar, paso tras otro, hasta que no pude verla más. Nunca podría borrarme esa imagen.
Todo esto es culpa mía. De todo esto fui la causa, y de todo esto sufriría las consecuencias.
Ella se fue, se fue dejándome ahí parado, ahí parado como un vagabundo solitario, que no fue capaz de ver el diamante por estar cegado por el sol. Como un alma en pena. Como un cupido sin corazón. Como un fuego sin llamas.
Como yo... sin ella.
Y, yo también, estuve encantado de conocerte.
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Bajé hasta la cocina, las empleadas limpiaban el desastre que habíamos dejado. Pasé por la suave alfombra, entré y saqué una manzana de la gran fuente de frutas. La lavé, apenas le di un mordisco ya no quería más; me sentía pésimo. Volví a mi habitación, no sabía qué hacer, no tenía ganas de hacer nada.
Marqué en mi celular el número de la primera persona que se me vino a la cabeza, mi consejero, mi mejor amigo, y al mismo tiempo, mi hermano.
-Nick- pude apenas decir cuando me contestó, después de tres tonos de marcado. -Nick, ¿puedes venir a mi habitación?- necesitaba alguien con quién poder desahogarme, alguien que me escuchara. Si bien sabía de que sólo debía hablar con Demi, y disculparme; necesitaba un buen apoyo antes.
-No estoy en casa... Joe, ¿no vas al aeropuerto?-
-¿Qué? ¿De qué demonios hablas?- le respondí casi gritando -de verdad necesito hablar contigo, es respecto a Demi- y en ese momento mi corazón empezaba a apretarse.
-¿Qué sucedió?- parecía asustado -mira, apenas llegue a casa hablamos. Además ten claro que todos la vamos a extrañar.-
¿Por qué decía eso?, mi mente se retorcía tratando de buscar una solución a todo este lío, tratando de explicar las palabras de mi hermano; mientras mis corazón se apretujaba y las lágrimas amenazaban con salir al recordar lo que había pasado la noche anterior. Nunca me perdonaría el haberla hecho llorar de esa forma tan profunda y cruda. Lucía como un cachorrito herido bajo la lluvia; siempre relacionaba la lluvia con las escenas románticas de las películas, pero nunca recordaba los contrastes que mostraban, hasta la jornada anterior, en que presencié y causé yo mismo una, que definitivamente, jamás olvidaría.
-¿Qué quieres decir...?- pregunté como un pequeño niño a punto de recibir un castigo.
-Joe, ¿qué te dijo Demi anoche, cuando fuiste tras ella?- me cuestionó.
-Nada en especial, estaba muy... enojada, y triste, pero-
-Ella tenía que hablar contigo por una razón, Joe. ¿No te dijo nada "importante"?- dijo acentuando la última palabra.
Yo me quedé en silencio... el silencio concede, y Nick lo sabía.
-Debes ir al aeropuerto ahora mismo, Demi se irá, Joseph. Debes despedirte de ella.- sentenció.
"No", estaba siendo una palabra muy repetida dentro de mi mente, pero nada más podía decir. No, esto no podía estar pasando. No me di el trabajo de fijarme si había cortado la llamada, pero arrojé el aparato en la misma cama y me vestí con la rapidez de un rayo. Tomé el llavero del que colgaban todas mis llaves y corrí hacia mi auto. Introduje la llave en el agujero, y la giré, encendiendo el motor. Pisé el acelerador hasta el fondo produciendo un fuerte y molesto ruido. Retrocedí rápidamente y partí hacia el destino del que mi hermano me advirtió. El trayecto hacia el terminal de aviones era de poco más de media hora...
Mis dedos se aferraban al volante, no sabía cuánto tiempo más podía contenerme. Apreté mis labios, y mis ojos se cubrían completamente con mis lágrimas. Tenía un deseo enorme de detenerme al costado de la autopista y liberarme por fin de toda esta sobrecarga de sentimientos; pero necesitaba ver a Demi, no podía dejarla ir así como así, no podía dejar que se vaya sin siquiera despedirme, no podía cometer otro error. Debía arreglar todo, debía disculparme, debía... recoger los trozos de su corazón que yo mismo había roto. La radio sonaba, pero no estaba escuchando. Apenas veía las líneas que delimitaban el camino, y mi mente estaba en otro lugar, flotando en algún lado del vasto universo.
Mi corazón palpitaba precipitadamente, y en cualquier momento sentía que se detendría. Un dolor me invadía el cuerpo entero; ¿y si no volvía a verla?.
"Demi, te amo" susurré, y en ese preciso instante comencé a llorar. Lo único que deseaba, era que me perdonara, que me sonriera otra vez, que me dejara ver sus ojos brillar de emoción, que me dejara poder tocar su tibia piel, y disfrutar de su hipnotizante aroma. Pero... yo no podía perdonarme a mí mismo, por mis acciones y las consecuencias que éstas trajeron consigo.
Me faltaba muy poco para llegar, empecé a desesperarme, veía aviones despegar, esperaba que ella no fuera en ninguno de aquellos, confiaba en que fuera así. Me estacioné en cualquier parte y bajé corriendo. "Vuelos internacionales", no creía. Entré y subí al ascensor, una pequeña niña rubia observaba asustada mi llanto, pensé que... ella tal vez creía, que los hombres no pueden llorar. "Piso 3, vuelos nacionales", escuché decir a través del parlante. Apenas se abrieron las puertas salí disparado, oí como una señora me gritaba que fuera más cuidadoso, pero seguí corriendo. Le rogaba a todas las fuerzas del destino para que conspiraran a mi favor, veía miles y miles de personas, pero no a la que yo quería. Sería un problema encontrarla en este lugar.
Ya no podía correr más, me apoyé en una muralla y bajé lentamente hasta quedar sentado en el suelo, estaba frío. La frustración me invadía, lloré desconsoladamente, desesperado por encontrar a la mujer que amaba. Nadie notaba mi presencia, veía zapatos pasar fugaces junto a mí, las ruedas de las maletas rodando, cuerpos chocando. Necesitaba tenerla de vuelta conmigo, se había convertido en una parte esencial de mi ser, ella era la inspiración para cada cosa que hacía, la pensaba en cada segundo... y ahora, no estaba, ¿qué sería de mí?; no podía visualizarme sin Demi. No podía aceptar que ese amor probablemente nunca más lo presenciaría. No quería darme por vencido. La amaba, ¿no es cierto?. Sí, ésa era la verdad, la amaba demasiado. Debía encontrar una solución, debía seguir insistiendo.
"Pasajeros del vuelo 143 a New York City, abordar por puerta de embarque número 7". Eso fue todo. No necesitaba más que oír, algo en mi interior se encendió y me dijo a gritos que debía ir tras el único verdadero amor de mi vida. Corrí, esta vez esperanzado, aún no se iría; ella no podía irse si me veía.
Puerta 4, 5, 6... puerta 7. No me detuve un instante, era ahora o nunca, todo o nada. Debía portar un pasaje que no tenía, me escurrí bajo el marco, causando gritos de los guardias, se hablaban por los radios, diciéndose unos a otros que detengan al muchacho de la polera azul. Ésto debía ser rápido. ¿Dónde estás?, me preguntaba. En el mesón, de espaldas a mí; reconocería esa silueta en cualquier parte.
-¡Demi!- vociferé -¡DEMI!- y aún más fuerte. Ella volteó, sí, era ella. Corrí, halado por su persona.
Pero esto no era una película. Un cuerpo enorme, imponente, se plantó entre ella y yo.
-No- dijo su padre, mirándome serio, muy serio, furioso.
-¡Por favor!- le implore, y las lágrimas renacían -necesito hablar con su hija sólo un momento.-
-Ya le has causado bastante daño- me encaró, y me empujó con sus grandes manos desde mi pecho.
Ella. Se asomó por entre el corpulento y robusto cuerpo de su papá, y lo miró compasiva. Tocó delicadamente su brazo, "está bien, papá, será sólo un momento... y no va a cambiar nada".
Sus palabras llegaron hasta lo más profundo de mí, sí podía cambiar esto... debía hacerlo, o intentarlo. Su mirada se encontraba triste, desolada. Sus labios estaban quietos, rectos. No llevaba maquillaje ni ropas caras, y aún así, parecía un ángel.
-Demi...- murmuré y mi mentón tiritaba, causando un hilo desigual en mi voz. Quería abrazarla, pero tenía claro que muchas cosas me lo impedían. Ella me dirigió una fría mirada. -Demi- sollocé. -perdóname, por favor, bonita. Perdón por todo esto...- le dije llorando, ella no hacía más que observarme.
-Yo no soy a quién debes pedir perdón- contestó cortante.
-Entonces, te pido que por favor intentes olvidar el daño que te causé, por favor... Demi- mis manos se dirigieron a tocar sus hombros, pero se detuvieron a medio camino, las azoté en el aire, frustrado, destrozado, y las volví a bajar. -me arrepiento tanto.-
Ella trató de esconder sus ojos llorosos, se contuvo, y volvió a dirigirme la mirada... seguía como antes, no soportaba tener que verla de esta manera.
-Yo no puedo seguir esto, ya no más- me dijo con su voz quebrándose; lo que me causó mucho más dolor. Lloré con más fuerzas, y ella intentaba no hacerlo.
-No digas eso- le respondí, alzando mi voz -podemos intentarlo de nuevo... pero no te vayas, por favor- mi llanto era más que yo, y nadie estaba como para poder acompañarme.
-¿Crees que por venir hasta acá voy a cancelar mi viaje?, ¿crees que es así de sencillo?- me enfrentó cambiando drásticamente su tono de voz. -Pues no lo es- apretó su mandíbula. -yo no voy a dejar mis planes sólo por ti... en especial por alguien como tú.-
Esto no estaba saliendo de la forma esperada, ni mi egocéntrica forma de verme me daba confianza como para poder manejar la situación. Sin ella, yo sólo era yo. Necesitaba ser un nosotros. Mi corazón sufría y dolía más cada segundo que pasaba, y las lágrimas no paraban ni un instante.
-Te amo...- sollocé como último recurso.
Ella detuvo su vista en la imagen de mí, llorando. Vaciló un instante, y escuché cómo tragaba su propia saliva.
-... estuve encantada de conocerte, Joseph- y su voz se desmoronó. Se volteó antes de que yo pudiera verla derramar la primera lágrima. Caminó en dirección a la manga que la llevaría al avión, dónde la esperaban su padre y sus empleados.
Ya todo estaba dicho, ya nada podía hacer. Había puesto todas mis cartas sobre la mesa, y perdí el juego más importante. Perdí el juego, que de juego no tenía nada. Me destruí. Mi llanto se hizo más sonoro que antes, ya nada importaba, ya nada podía interesarme si la perdía.
La vi caminar, paso tras otro, hasta que no pude verla más. Nunca podría borrarme esa imagen.
Todo esto es culpa mía. De todo esto fui la causa, y de todo esto sufriría las consecuencias.
Ella se fue, se fue dejándome ahí parado, ahí parado como un vagabundo solitario, que no fue capaz de ver el diamante por estar cegado por el sol. Como un alma en pena. Como un cupido sin corazón. Como un fuego sin llamas.
Como yo... sin ella.
Y, yo también, estuve encantado de conocerte.
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domingo, 2 de octubre de 2011
Enchanted ~ 29 (penúltimo capítulo).
Casi una semana y aún no recibía ni una llamada de él. Sentía mis ojos húmedos mientras veía la foto sobre mi mesita de noche que nos mostraba a los dos, abrazados; la puse boca abajo y me recosté sobre mi cama. ¿Tan rápido fue todo? ¿así nada más?, ¿sería que me estaba dejando de lado porque encontró a la chica de sus sueños, así como hizo con Brenda cuando me conoció a mí?. Karma, seguramente; pero yo no tuve la culpa, nadie me mencionó siquiera que él estaba saliendo con alguien más. ¿Por qué defendía tanto a esta chica ahora?, sólo le di un golpe inocente, me motivé por la rabia que estaba sintiendo, no podía enojarse para siempre conmigo sólo por eso, ¿no me comprendía?.
Mi celular empezó a vibrar, contesté antes de que empezara a sonar.
No me di cuenta de quién me llamaba, pero... no, no era quién yo creía, o más bien, no era quién yo deseaba.
-Hola Demi- dijeron al otro lado de la línea, era Nick. Le contesté indiferente. -¿No has hablado con mi hermano, cierto?-
-No, Nicholas. Supongo que está muy enojado, pero no entiendo por qué- mi voz era fría, blanda; arrastraba las palabras para evitar soltar un sollozo. -lo peor, es que me han llamado... ya sabes de dónde-
-¿Qué? ¿Lo peor?. Demi, ¡son noticias maravillosas!- Nick sabía absolutamente todo de mí, era un gran confidente, y yo confiaba plenamente en él; por lo tanto, sabía también de los proyectos personales que yo estaba planeando para mi futuro.
-¿Te parece si hablamos frente a frente?- dije ignorando todo comentario.
Decidimos ir a un café que había a la vuelta de su casa, me fue a buscar y caminamos juntos. Nick era el mejor amigo que alguien pudiera desear, me tomó de la mano sin mayor problemas, ambos sabíamos muy bien lo que éramos, ansié acariciar sus dedos esperando encontrar los largos y algo ásperos que se me hacían habituales, pero como era lógico, no pude dar con ellos. La mano de Nick era gordita, suave, y fría, muy fría. No podía evitar extrañar a Joseph; mi amigo se dio cuenta, me miró preocupado y me abrazó; aunque era difícil caminar así, apreciaba tener a alguien.
-Debes decirle- me enfrentó al estar ya cómodos devorándonos un banana split. -hoy habrá una fiesta en mi casa para despedir a Kevin...-
-No quiero ir, Nicholas. No quiero encontrarme con Ashley otra vez-
-¿Vas a dejar que te falte el respeto así? No puedes dejar que gane. Además no irás por ella, irás por Joe- me increpó.
-Esto no es ningún juego para ganar o perder, Nick. Estoy segura de que apenas podré hablar con él- el tomó aire como para decir algo, ya me imaginaba lo que diría, por lo que respondí inmediatamente -pero lo intentaré- sonreí sin ganas. Él asintió y sonrió en señal de satisfacción.
-Ya no soporto a esa chica- dijo Nick de repente. Me sorprendí al oírlo pero decidí seguir escuchándolo -anda todo el día chillando, pero menos mal que no la veo tan seguido porque se pasa todo el día...- se detuvo en seco, mirándome con unos ojos gigantes.
-¿Con Joe?- pregunté desinteresada, era obvio. ¿Osea que sí me había reemplazado?, negué incrédula con mi cabeza. -estaré en tu casa hoy, Nick- dije decidida.
Intenté parecer fuerte porque quería serlo, quería ser irrompible; pero me sentía destruida, desmoronada, tomaría todas mis fuerzas para poder hablar con Joe esta noche, debía decírselo, debía saber su reacción. ¿Le importaría?, era una pregunta de la que me atemorizaba saber la respuesta.
Me devolví casi corriendo a mi casa. Mi padre no estaba en la ciudad, pero llegaría esta noche. Leí algunas revistas, vi un poco de televisión. Estaba tan asustada de quedarme sola otra vez; de ser traicionada... de perder al amor de mi vida. Porque éso era él, éso era Joseph Jonas para mí. Mi primer y verdadero amor.
No quería derramar lágrimas ahora, tal vez sólo estaba sobreactuando, ¿y si él sólo necesitaba un tiempo?, ¿y si él esperaba, al igual que yo, que la otra persona llamara?, ¿y si sólo con abrazarlo otra vez todo se solucionaba?. Pero, ¿y si no era así?, ¿y si lo perdía?. No podía conciliar la idea sin sentir mi corazón apretado. Ansiaba ver esos ojos, ansiaba escuchar su voz diciéndome cuánto me amaba. Estaba loca y perdidamente enamorada de él, y eso, nada podía cambiarlo.
Me puse un vestido suave, que llegaba hasta sobre encima de mis rodillas. El cielo se nublaba, y el ambiente se iba enfriando, tomé un abrigo negro de la misma altura que mi vestido. Elegí unas lindas ballerinas que mi padre me compró justo antes de irse, de color rosa, con dibujos de flores bordadas, y un pequeño y finísimo lazo encima. ¿Eso era todo?, debía irme ya. Tomé mi bolso negro de cuero, de tamaño mediano, me lo crucé sobre el cuerpo. Cerré la puerta tras de mí, y mi corazón le dio impulso a mis pies para ir a la dirección indicada, hasta esa majestuosa casa, que se impuso enorme ante mí, ahora, y tal como el primer día.
Denise me recibió con un fuerte abrazo, "te he extrañado, ¿por qué no habías venido?". Me limité a sonreír, y a dar otra de mis estúpidas excusas -estuve de compras, en otra ciudad-, genial, Demi. Así nadie pensará que eres una descerebrada.
Colgué mi abrigo y cartera en el perchero junto a la entrada. Una larga mesa exhibía un gran banquete, todos bebían y comían junto a él. Saqué un pequeño muffin con trozos de chocolate, y me fui a sentar en la esquina de un sillón, amontonada, con mis brazos apegados a mi cuerpo. Veía a todos fugaces, escuchaba sus risas amortiguadas contra el silencio de mi mente, y sus conversaciones me parecían en otro idioma. Yo sólo era una chica de Texas, ¿por qué estaba aquí?.
Ni un rastro de Joseph. Un chico se acercó a hablarme, no tenía idea de quién era pero parecía agradable. En un intento de reír de manera forzada, tragué al mismo tiempo y me atoré, no paraba de toser, el chico me miraba desconcertado; me ayudó a ponerme de pie, tomó mis brazos y los alzó en el aire, mientras toda mi saliva iba quedando en su camisa. "Lo siento", mencioné, todos nos miraban, pero cuando verificaron que no me morí, volví a ser invisible.
-No te preocupes- contestó él, sonriendo.
-Lo siento, ¿me disculpas un momento?- pregunté al notar que Nicholas había llegado desde la planta superior. Me dirigí hacia él, apurando mis pasos y esquivando a todas las personas que ahí se encontraban. Llegué apenas.
-¡Demi!- dijo alegre -sabía que vendrías, te ves encantadora- revolvió mi cabello, lo que hizo que agachara mi cabeza y arrugara mi nariz.
Me pregunté si ya había hablado con Joe. Le contesté que no. No, ni siquiera lo había visto aún. Pusieron música, no tenía ganas de bailar, pero Nick me forzó a ir con él hacia el centro de esa sala. Me ubicó frente a él, y comenzó a moverse de manera ridícula, daba pequeños brincos mientras me miraba con una sonrisa grabada en su rostro, no pude evitar soltar una risa. Él me sonrió aún más, se acercó a mí, me tomó de la cintura y empezó a dar vueltas, mientras yo reía.
-Así es como me gusta verte- dijo, y me abrazó. Fuimos a comer algo más, los dos acabaríamos con toda la comida del mundo en apenas un día. Estábamos conversando muy a gusto, cuando él cambió la expresión en su rostro por completo.
Miré en la dirección que sus ojos indicaban, y ahí estaba. En un grupo aparte, con sus amigos de parranda, y la imbécil del año. Ella lo amarraba con sus brazos esqueléticos, no, más bien lo asfixiaba. Él tenía un vaso en su mano, supuse que era cerveza, lo supuse, pero era cierto. Fui instintivamente hacia el grupo desagradable a la vista que habían formado. Me veía como un hobbit junto a sus enormes amigos. Ashley me observaba con burla, y Joe aún no se percataba de mi presencia.
-¿Puedo hablar contigo?- dije en un hilo de voz que no pudo oír, pero Ashley sí, quién se rió de mí, y lo abrazó más fuerte y acariciaba su estómago.
Mi corazón se hacía añicos. Él notó su gesto, y tocó sus dedos. Entonces me vio.
-Hola- mencionó algo molesto. No podía creerlo, ¿ahora yo era un estorbo?.
-¿Puedo hablar contigo?- repetí, y mis ojos ya se iban humedeciendo.
-Estoy ocupado- volvió a charlar con los tipos que estaban a su lado, y que me miraban como a un insecto.
Miré a Nicholas buscando algún apoyo, ya que mis piernas flaqueaban, él contemplaba la escena con compasión.
-¡Joe!- exclamé con la voz quebrada, él se volvió hacia mí y carcajeó. Un coro de risas lo acompañó. Ya no podía más, me estaban humillando, y rompiendo el corazón al mismo tiempo. -Joe- sollocé.
Hizo un gesto de desprecio con su boca, "¿qué quieres?", me contestó escupiendo las palabras, y con sus ojos llenos de asco.
-Necesito hablar contigo- pero no pude más, justo en ese instante empezaron a caer lágrimas desde mis ojos. Ashley trató de aguantar una risa, pero, al parecer, no se contuvo. ¿De verdad todo esto estaba pasando?.
-¡Demi, no seas estúpida!- gritó Joe al notar que yo estaba llorando, lo que me hizo sentir mucho peor. -¿de qué quieres hablar conmigo? no tenemos nada pendiente- dijo cortante.
Todo estaba arruinado, todo estaba dicho. Esto era lo que me temía, esto era mi peor pesadilla, tenía miedo, y mucho. Retrocedí en mis pasos, y fui corriendo atravesando toda la multitud, que estaban observando todo lo que pasaba. Al pasar junto a Nick, él trató de tomarme por el brazo. Lo esquivé y salí corriendo.
Afuera llovía torrencialmente, al correr por la entrada me tropecé varias veces. No veía nada con mis ojos cubiertos en lágrimas y las gotas de lluvia atormentándome. Lloraba sin parar mientras corría sin rumbo bajo la tormenta. Llegué hasta una esquina, dónde un semáforo indicaba que no podía cruzar.
Me quedé parada allí, llorando y recordando cada palabra, cada gesto, cada risa. Había destrozado mi corazón como si estuviera hecho de cristal. Lloré, y lloré aún más.
Cuando de pronto sentí pasos rápidos tras de mí, y unos brazos sujetándome fuertemente a la altura de mi pecho. Su aroma era inconfundible, no hacía falta verlo para saber que era él, mi llanto aumentó en gran cantidad. Él también lloraba, y se refugiaba en mi cuello, a través de mi cabello.
-Perdóname, perdóname, por favor- dijo con un nudo en la garganta ahogando sus palabras. Me alejé de él, y me di media vuelta, su pelo estaba empapado con la lluvia, y caían lágrimas por sus ojos con la misma intensidad que las mías.
-¡Vete!- grité con todas mis fuerzas -¡Vete lejos y no vuelvas más!- el dolor en mi alma era algo insoportable, me torturaba, como una estaca atravesando todo mi cuerpo.
-¡No!- exclamó él, sacó su chaqueta en una fracción de segundo y me abrazó, cruzándola por mi espalda. Lo empujé con un golpe en su pecho, y lloramos mucho más.
Hice detener un taxi, pero él me impedía irme, abrazándome desde atrás. "Perdóname", repetía una y otra vez. Lo alejé con un codazo, y subí rauda al asiento delantero, él pegó su mano al vidrio, por el que se resbalaban fugazmente las grandes y abundantes gotas de lluvia. El auto se puso en marcha, y lo perdí de vista. Veía las luces pasar, escuchaba la música de la radio como si estuviera tan lejana, como el recuerdo de mi amor con Joseph, como el recuerdo de todas nuestras caricias. Ahora sólo quedaban las cenizas.
Todo desaparecía, y yo no podía parar de llorar.
Mi celular empezó a vibrar, contesté antes de que empezara a sonar.
No me di cuenta de quién me llamaba, pero... no, no era quién yo creía, o más bien, no era quién yo deseaba.
-Hola Demi- dijeron al otro lado de la línea, era Nick. Le contesté indiferente. -¿No has hablado con mi hermano, cierto?-
-No, Nicholas. Supongo que está muy enojado, pero no entiendo por qué- mi voz era fría, blanda; arrastraba las palabras para evitar soltar un sollozo. -lo peor, es que me han llamado... ya sabes de dónde-
-¿Qué? ¿Lo peor?. Demi, ¡son noticias maravillosas!- Nick sabía absolutamente todo de mí, era un gran confidente, y yo confiaba plenamente en él; por lo tanto, sabía también de los proyectos personales que yo estaba planeando para mi futuro.
-¿Te parece si hablamos frente a frente?- dije ignorando todo comentario.
Decidimos ir a un café que había a la vuelta de su casa, me fue a buscar y caminamos juntos. Nick era el mejor amigo que alguien pudiera desear, me tomó de la mano sin mayor problemas, ambos sabíamos muy bien lo que éramos, ansié acariciar sus dedos esperando encontrar los largos y algo ásperos que se me hacían habituales, pero como era lógico, no pude dar con ellos. La mano de Nick era gordita, suave, y fría, muy fría. No podía evitar extrañar a Joseph; mi amigo se dio cuenta, me miró preocupado y me abrazó; aunque era difícil caminar así, apreciaba tener a alguien.
-Debes decirle- me enfrentó al estar ya cómodos devorándonos un banana split. -hoy habrá una fiesta en mi casa para despedir a Kevin...-
-No quiero ir, Nicholas. No quiero encontrarme con Ashley otra vez-
-¿Vas a dejar que te falte el respeto así? No puedes dejar que gane. Además no irás por ella, irás por Joe- me increpó.
-Esto no es ningún juego para ganar o perder, Nick. Estoy segura de que apenas podré hablar con él- el tomó aire como para decir algo, ya me imaginaba lo que diría, por lo que respondí inmediatamente -pero lo intentaré- sonreí sin ganas. Él asintió y sonrió en señal de satisfacción.
-Ya no soporto a esa chica- dijo Nick de repente. Me sorprendí al oírlo pero decidí seguir escuchándolo -anda todo el día chillando, pero menos mal que no la veo tan seguido porque se pasa todo el día...- se detuvo en seco, mirándome con unos ojos gigantes.
-¿Con Joe?- pregunté desinteresada, era obvio. ¿Osea que sí me había reemplazado?, negué incrédula con mi cabeza. -estaré en tu casa hoy, Nick- dije decidida.
Intenté parecer fuerte porque quería serlo, quería ser irrompible; pero me sentía destruida, desmoronada, tomaría todas mis fuerzas para poder hablar con Joe esta noche, debía decírselo, debía saber su reacción. ¿Le importaría?, era una pregunta de la que me atemorizaba saber la respuesta.
Me devolví casi corriendo a mi casa. Mi padre no estaba en la ciudad, pero llegaría esta noche. Leí algunas revistas, vi un poco de televisión. Estaba tan asustada de quedarme sola otra vez; de ser traicionada... de perder al amor de mi vida. Porque éso era él, éso era Joseph Jonas para mí. Mi primer y verdadero amor.
No quería derramar lágrimas ahora, tal vez sólo estaba sobreactuando, ¿y si él sólo necesitaba un tiempo?, ¿y si él esperaba, al igual que yo, que la otra persona llamara?, ¿y si sólo con abrazarlo otra vez todo se solucionaba?. Pero, ¿y si no era así?, ¿y si lo perdía?. No podía conciliar la idea sin sentir mi corazón apretado. Ansiaba ver esos ojos, ansiaba escuchar su voz diciéndome cuánto me amaba. Estaba loca y perdidamente enamorada de él, y eso, nada podía cambiarlo.
Me puse un vestido suave, que llegaba hasta sobre encima de mis rodillas. El cielo se nublaba, y el ambiente se iba enfriando, tomé un abrigo negro de la misma altura que mi vestido. Elegí unas lindas ballerinas que mi padre me compró justo antes de irse, de color rosa, con dibujos de flores bordadas, y un pequeño y finísimo lazo encima. ¿Eso era todo?, debía irme ya. Tomé mi bolso negro de cuero, de tamaño mediano, me lo crucé sobre el cuerpo. Cerré la puerta tras de mí, y mi corazón le dio impulso a mis pies para ir a la dirección indicada, hasta esa majestuosa casa, que se impuso enorme ante mí, ahora, y tal como el primer día.
Denise me recibió con un fuerte abrazo, "te he extrañado, ¿por qué no habías venido?". Me limité a sonreír, y a dar otra de mis estúpidas excusas -estuve de compras, en otra ciudad-, genial, Demi. Así nadie pensará que eres una descerebrada.
Colgué mi abrigo y cartera en el perchero junto a la entrada. Una larga mesa exhibía un gran banquete, todos bebían y comían junto a él. Saqué un pequeño muffin con trozos de chocolate, y me fui a sentar en la esquina de un sillón, amontonada, con mis brazos apegados a mi cuerpo. Veía a todos fugaces, escuchaba sus risas amortiguadas contra el silencio de mi mente, y sus conversaciones me parecían en otro idioma. Yo sólo era una chica de Texas, ¿por qué estaba aquí?.
Ni un rastro de Joseph. Un chico se acercó a hablarme, no tenía idea de quién era pero parecía agradable. En un intento de reír de manera forzada, tragué al mismo tiempo y me atoré, no paraba de toser, el chico me miraba desconcertado; me ayudó a ponerme de pie, tomó mis brazos y los alzó en el aire, mientras toda mi saliva iba quedando en su camisa. "Lo siento", mencioné, todos nos miraban, pero cuando verificaron que no me morí, volví a ser invisible.
-No te preocupes- contestó él, sonriendo.
-Lo siento, ¿me disculpas un momento?- pregunté al notar que Nicholas había llegado desde la planta superior. Me dirigí hacia él, apurando mis pasos y esquivando a todas las personas que ahí se encontraban. Llegué apenas.
-¡Demi!- dijo alegre -sabía que vendrías, te ves encantadora- revolvió mi cabello, lo que hizo que agachara mi cabeza y arrugara mi nariz.
Me pregunté si ya había hablado con Joe. Le contesté que no. No, ni siquiera lo había visto aún. Pusieron música, no tenía ganas de bailar, pero Nick me forzó a ir con él hacia el centro de esa sala. Me ubicó frente a él, y comenzó a moverse de manera ridícula, daba pequeños brincos mientras me miraba con una sonrisa grabada en su rostro, no pude evitar soltar una risa. Él me sonrió aún más, se acercó a mí, me tomó de la cintura y empezó a dar vueltas, mientras yo reía.
-Así es como me gusta verte- dijo, y me abrazó. Fuimos a comer algo más, los dos acabaríamos con toda la comida del mundo en apenas un día. Estábamos conversando muy a gusto, cuando él cambió la expresión en su rostro por completo.
Miré en la dirección que sus ojos indicaban, y ahí estaba. En un grupo aparte, con sus amigos de parranda, y la imbécil del año. Ella lo amarraba con sus brazos esqueléticos, no, más bien lo asfixiaba. Él tenía un vaso en su mano, supuse que era cerveza, lo supuse, pero era cierto. Fui instintivamente hacia el grupo desagradable a la vista que habían formado. Me veía como un hobbit junto a sus enormes amigos. Ashley me observaba con burla, y Joe aún no se percataba de mi presencia.
-¿Puedo hablar contigo?- dije en un hilo de voz que no pudo oír, pero Ashley sí, quién se rió de mí, y lo abrazó más fuerte y acariciaba su estómago.
Mi corazón se hacía añicos. Él notó su gesto, y tocó sus dedos. Entonces me vio.
-Hola- mencionó algo molesto. No podía creerlo, ¿ahora yo era un estorbo?.
-¿Puedo hablar contigo?- repetí, y mis ojos ya se iban humedeciendo.
-Estoy ocupado- volvió a charlar con los tipos que estaban a su lado, y que me miraban como a un insecto.
Miré a Nicholas buscando algún apoyo, ya que mis piernas flaqueaban, él contemplaba la escena con compasión.
-¡Joe!- exclamé con la voz quebrada, él se volvió hacia mí y carcajeó. Un coro de risas lo acompañó. Ya no podía más, me estaban humillando, y rompiendo el corazón al mismo tiempo. -Joe- sollocé.
Hizo un gesto de desprecio con su boca, "¿qué quieres?", me contestó escupiendo las palabras, y con sus ojos llenos de asco.
-Necesito hablar contigo- pero no pude más, justo en ese instante empezaron a caer lágrimas desde mis ojos. Ashley trató de aguantar una risa, pero, al parecer, no se contuvo. ¿De verdad todo esto estaba pasando?.
-¡Demi, no seas estúpida!- gritó Joe al notar que yo estaba llorando, lo que me hizo sentir mucho peor. -¿de qué quieres hablar conmigo? no tenemos nada pendiente- dijo cortante.
Todo estaba arruinado, todo estaba dicho. Esto era lo que me temía, esto era mi peor pesadilla, tenía miedo, y mucho. Retrocedí en mis pasos, y fui corriendo atravesando toda la multitud, que estaban observando todo lo que pasaba. Al pasar junto a Nick, él trató de tomarme por el brazo. Lo esquivé y salí corriendo.
Afuera llovía torrencialmente, al correr por la entrada me tropecé varias veces. No veía nada con mis ojos cubiertos en lágrimas y las gotas de lluvia atormentándome. Lloraba sin parar mientras corría sin rumbo bajo la tormenta. Llegué hasta una esquina, dónde un semáforo indicaba que no podía cruzar.
Me quedé parada allí, llorando y recordando cada palabra, cada gesto, cada risa. Había destrozado mi corazón como si estuviera hecho de cristal. Lloré, y lloré aún más.
Cuando de pronto sentí pasos rápidos tras de mí, y unos brazos sujetándome fuertemente a la altura de mi pecho. Su aroma era inconfundible, no hacía falta verlo para saber que era él, mi llanto aumentó en gran cantidad. Él también lloraba, y se refugiaba en mi cuello, a través de mi cabello.
-Perdóname, perdóname, por favor- dijo con un nudo en la garganta ahogando sus palabras. Me alejé de él, y me di media vuelta, su pelo estaba empapado con la lluvia, y caían lágrimas por sus ojos con la misma intensidad que las mías.
-¡Vete!- grité con todas mis fuerzas -¡Vete lejos y no vuelvas más!- el dolor en mi alma era algo insoportable, me torturaba, como una estaca atravesando todo mi cuerpo.
-¡No!- exclamó él, sacó su chaqueta en una fracción de segundo y me abrazó, cruzándola por mi espalda. Lo empujé con un golpe en su pecho, y lloramos mucho más.
Hice detener un taxi, pero él me impedía irme, abrazándome desde atrás. "Perdóname", repetía una y otra vez. Lo alejé con un codazo, y subí rauda al asiento delantero, él pegó su mano al vidrio, por el que se resbalaban fugazmente las grandes y abundantes gotas de lluvia. El auto se puso en marcha, y lo perdí de vista. Veía las luces pasar, escuchaba la música de la radio como si estuviera tan lejana, como el recuerdo de mi amor con Joseph, como el recuerdo de todas nuestras caricias. Ahora sólo quedaban las cenizas.
Todo desaparecía, y yo no podía parar de llorar.
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