domingo, 4 de diciembre de 2011

Young Love Murderer VII (último).

Ahora sí, esto es todo. Nada me explica mejor que un "gracias", no, perdón, un "muchas, muchísimas gracias". Porque han seguido esta historia, la han esperado. Y... no tengo palabras. Esto es, esto es todo, el final definitivo. Gracias y más gracias por leer lo que escribo. Ahora tengo pensado hacer una "Joe y tú", ¿qué opinan :)?. A pesar de todo, no dejen de creer en Jemi. Sientánse libres de venir, cualquier día, y leer su capítulo favorito, porque van a estar, siempre van a estar disponibles.
Nunca pensé que podría escribir una novela entera, ¡y menos con continuación!. Y bueno, lo pude hacer gracias a USTEDES. Porque me inspiran al escribir, porque sé que están esperando que una nueva entrada aparezca en el blog. Pero, de verdad, no tengo palabras. Eso, ya les dije... disfruten y, nunca dejen de creer en Jemi.
Los quiero, mucho y sinceramente. ¡¡¡Gracias!!!.
____________________________________________________________

La sujeto en mis brazos, las luces multicolores se reflejan en sus ojos, haciéndolos brillar todavía más. Quedan tres días para navidad, y el festival de la playa nos ofrece todas sus relucientes atracciones.
Volvimos a Los Ángeles hace un par de años, Demi ya tiene 22 años de edad, y yo 25. Al final, resultó que Travis es, actualmente, uno de mis mejores amigos; también de mi novia. A veces nos viene a visitar, o vamos nosotros, pero nunca perdemos contacto. 
Mi hermano Kevin ya hizo realidad otro de sus grandes sueños: ser padre. Danielle dio a luz a una bella niña llamada Claire, con el cabello de un café achocolatado y lleno de rizos; piel morena y ojos verdes, es mucho más que hermosa.
Nicholas, como era de esperarse, volvió a estar con Miley. Alcanzaron a estar separados unas diez semanas, para darse cuenta de que no podían vivir sin el otro.
Frankie, sigue igual, sólo que algo más alto. Al igual que mis padres, bueno, excepto lo del crecimiento respecto a estatura.
-¡Joe!- me grita Demi, pasando su mano frente a mi cara como un limpiaparabrisas -despierta, ¿en qué pensabas?- me dice, riendo. Cómo amo la forma en que se ríe, la forma en que sus ojos se achican cuando lo hace.
-¿Y así me lo preguntas? siempre estoy pensando en ti- le respondo, sonriendo, mientras la abrazo y beso su amplia y pura frente.
Paso mi brazo por su cuello, ella toma mi mano que cae por su brazo, con la suya. Caminamos así por entre la multitud, el aire navideño se impregna en todo el aire, los buenos deseos se asoman por todas partes.
-¡Mira!- exclama, apuntando con su fino dedo a alguna parte del universo, sigo la dirección con la vista, y logro divisar a un hombre delgado sobre unos zancos, con ropas llamativas, como de circo, y la cara de muchos colores. Grita, y la gente se acerca atraídos por la curiosidad. -Vamos- me dice, jalándome, con su mano apretando mi muñeca.
"Y bien, ¿te atreves a participar?", me dice el caricaturesco personaje que se alzaba por sobre mi altura cuando llegamos corriendo frente a él. "Mira el lindo regalo que puedes darle a tu novia", continúa diciéndome, pero ahora mostrándome un blanco oso de felpa, con un listón azul amarrado al cuello, es el peluche más gigante y esponjoso que he visto.
-Bien- le contesto, y sonriendo, porque Demi lo hace también. "Bien", me responde el gran hombre, pasándome un arco, y tres flechas en un brillante carcaj.
"Sólo tienes que darle al blanco", apunta a un círculo dividido en varias secciones, nada fuera de lo común. Pero me sonríe de forma malévola, y entiendo el porqué. Seguramente sería más fácil con un sencillo dardo, pero usar un arco, es algo difícil.
-Bien- repito -hey, ¿me das un beso de buena suerte?- le digo a mi novia, acercándome; ella pone las yemas de sus dedos en mi barbilla, y deposita un pequeño y tierno beso en mis labios, los que me dan el calor suficiente como para poder olvidar por un momento el frío de mis mejillas causado por el fresco aire, propio de la estación. Alguna gente reacciona con un "oh", de ternura, y ambos sonreímos.
Con mi mano izquierda tomo el arco, saco una flecha, y la tenso en la cuerda con mi extremidad del lado derecho. Lo ubico a la altura de mi boca, cierro un ojo para poder tener el objetivo más claro. Lo separo sólo lo suficiente, el final de la flecha arde bajo mi piel, la suelto. Rompe el aire, corre fugaz, hasta el punto rojo del centro del círculo, todo está en silencio por un segundo, y al siguiente, las personas exclaman de sorpresa. Le dí en el blanco, justo al medio. Dejo el arma en el mesón y río de nerviosismo, ¿no se suponía que debía fallar?, pero no lo hice. El hombre también ríe desde allá arriba, me entrega el gran oso, y vuelve a gritar a la multitud, ofreciendo otro adorable muñeco de felpa.
Me doy vuelta, Demi sonríe al suelo, sin mostrar sus perfectos dientes. Con su palma envuelve su antebrazo contrario, y levanta su cabeza. Sus ilusionados ojos ansían encontrarse con mis propios. Le sonrió, y mi boca se desvía un poco hacia un lado. Ella me devuelve el gesto cuasándome un escalofrío por todo el cuerpo. Encamino mis pies en su dirección, y sin notarlo, ya estoy lo suficientemente cerca. Le ofrezco el premio, a lo que ella estira los brazos para recibirlo. Cuando logra sostenerlo, ríe.
-Gracias- me dice, cierra sus ojos y estira sus labios, y ya sé lo que está esperando. Me inclino por sobre ella y el peluche, y la beso.
-Qué te parece si ahora vamos allá- le digo, señalando a la rueda dela fortuna, que alumbraba todo con sus vivas luces y melodías.
Nos formamos a hacer la fila, una muy larga, por cierto. Nos demoraríamos una importante cantidad de minutos en poder llegar hasta el juego; pero la espera se hace más liviana con ella a mi lado. Me paro frente a ella, e intento tocar sus deliciosos labios, pero me lo impide; aunque sus ojos siguen impasibles, contemplando mi rostro. Hago una mueca, estiro mi labio inferior, y la miro como un cachorro. Ella ríe con ganas, y nuestras narices chocan.
-¿Van a subir o no?- pregunta alguien tras de mí. Doy vuelta, Demi y yo miramos curiosos. Ya estábamos al principio de la, antiguamente, eterna fila de espera.
El hombre nos abre la puerta del compartimiento, tomo la mano de Demetria, y la ayudo a subir primero. Luego, es mi turno, y el trabajador asegura la entrada justo después de mi subida. Ubicamos el oso de peluche al lado de Demi, ella se sienta junto a mí. La rueda de a poco empieza a avanzar para poder subir más pasajeros.
Por fin comienza a dar vueltas, a una velocidad justa. Jugamos y reímos por buen rato. Cuando nos calmamos, cruza sus piernas y apoya su cabeza en mi hombro, lentamente. 
Los rojos restos del atardecer van desapareciendo, para dar lugar a miles y miles de fulgorosas estrellas. La luna llena se asoma, tímida, por entre los pequeños destellos del cielo.
Llevo mi mano a mi bolsillo derecho, y puedo sentir una pequeña y suave caja.
-Demi- digo, y aclaro mi garganta.
-Joe- responde ella, con voz monótona.
Me enderezo, dándole a entender que quiero que lo haga, también. Me mira, pero yo cierro mis ojos. Precisamente, cuando estoy a punto de abrirlos, el sabor más dulce llena mis labios. Son los suyos. Apenas logro moverme, le sigo sus cariños y así los termino gentilmente. Volvemos a la misma posición. Los dos, frente a frente.
Y en un perfecto segundo, los dos nos miramos profundamente, certeros en las pupilas. Y puedo ver todo, de pronto mil imágenes se me aparecen, tan rápidas como un rayo. Me lleno de vida, porque ahora sé que todo estará bien.
Porque ahora sé, que el anillo que reposa en el escondite de mi pantalón, no es para ahora, precisamente; porque ahora sé, que esto debo hacerlo frente a todos mis seres queridos, en la cena de Nochebuena. Porque ahora sé, que en la mañana de esta navidad, recibiré la mejor sorpresa que jamás me han dado, ese regalo perfecto que será la clave para el resto de mi vida. Porque tendremos que esperar nueve meses para recién poder palpar ese especial y milagroso presente; pero esa espera, será grata, será llena de felicidad, será en compañía de la mujer de mi vida, de Demetria Lovato, la chica frente a mí. Demetria Lovato, la misma adolescente que afortunadamente cayó frente a mis ojos, ése día en mi casa. Demetria Lovato, que ya no es adolescente. Demetria Lovato, la actual mujer, la ideal para mí, la que mi corazón estaba esperando, para entregarle todo.
Porque ahora sé, ahora puedo ver, en sus ojos, todo lo que me depara el destino. Puedo ver nuestra casa, y a Danny siendo nuestro primer hijo. El mismo que se convertirá en hermano mayor de James y  Sophia. Puedo ver a la mujer que amo, caminando hacia mí, vestida de un blanco cegador.
Puedo ver todo, puedo ver mi destino, y de pronto, ya no veo nada. Porque tendré que descubrirlo yo mismo, pero lo que vi, aunque no lo recuerde, me da la pista para seguir, para confiar en que seguir con este amor, para entregarle mi alma y cuerpo al bello rostro que aún me observa, con brillo en los ojos. Porque la amo, y la amo tanto que a veces no sé cómo sentirme.
Ella también lo vio, vio todo a través de mí. Porque ahora somos uno, ahora comprendemos que haber llegado hasta aquí sin obstáculos, no lo hubiese hecho tan importante.
Nos abrazamos, porque los besos no sirven, nos abrazamos hasta que nos duele el pecho, porque ahora podemos entender que somos hecho el uno para el otro, y no hay otra verdad.





sábado, 3 de diciembre de 2011

Young Love Murderer VI (penúltimo).

Me sorprendía lo cautivante y seductora que podía llegar a ser. Y me encantaba el hecho de que, a pesar de todo el tiempo que había pasado, y todo el daño que le había causado, ella seguía amándome, seguía entregándome la misma pasión y dulzura que me entregó en ese primer beso. 
Pero, algo sí tenía que cambiar, supongo que estar separados por tantos meses, hizo que nuestro reencuentro sea mucho más fogoso, ambos estábamos ansiosos por tenernos de nuevo; de una manera diferente, si es que era posible.
Sacó mi chaqueta, y desde tras de mí, empezó a acariciar mi pecho, desde mi cuello, pasando por todo mi torso, y hasta el cierre de mi pantalón. Despertaba absolutamente cada partícula de mi cuerpo. Me di vuelta para poder mirarla mejor, la tomé de sus mejillas, y la besé como nunca hice antes, como nunca antes lo deseé. Puso sus manos en mis pectorales y costillas, yo bajé las mías hasta sus caderas, dio un pequeño tropezón cuando la jalé hacia mí, tal vez fui demasiado torpe.
Pero al parecer, el haber tropezado no le afectó en lo absoluto, por el contrario, sucumbía a mis caricias con más ganas que antes. Sus dedos correteaban por toda la tela que cubría mi estómago, hasta que su mano se coló por debajo. Me separé, sólo lo necesario, y le sonreí.
-¿Andas traviesa? Qué tal si jugamos un poco- pregunté, Demi se colgó de mi cuello para besarme una vez más -lo tomaré como un sí- seguí el trazado de sus labios para poder responderle a los besos que me entregaba sin cesar. Me agaché, con mis manos la tomé de los muslos, y ella enredó sus piernas alrededor de mí, formando una especie de llave, caminé cargándola hasta un pulcro escritorio que apenas tenía una lámpara y unos cuántos folletos de restaurantes y paseos turísticos. La senté sobre la barnizada madera, y comencé a besarla y tocarla otra vez. Tomé el comienzo de su blusa, intentando sacársela, pero ella fue mucho más rápida y en un instante, era yo el que estaba sin polera.
Apoyó sus codos en el escritorio, me observó detenidamente con sus pupilas dilatadas, y mordiéndose el labio inferior. Me incliné sobre ella, pero mi boca, en vez de ir a la suya, fue hacia su cuello. Entre pequeños besos, pasé mi lengua tímidamente por su piel, y ella arqueaba su espalda, y daba gemidos casi imperceptibles; pero yo estaba decidido a hacer que éstos aumentaran en su intensidad.
En un fugaz movimiento se deshizo de sus tacones, y yo de mis zapatos en conjunto con mis calcetines. Desabotoné su blusa con sutil delicadeza, aguantándome todos los deseos de arrancarle la ropa como salvaje y dejársela echa jirones. Sus bien formados pechos eran sujetados por un suave brasier de encaje. Yo ya estaba completamente excitado, y suponía que ella también.
Su dorada piel me atraía, con ese magnetismo que ya teníamos entre los dos. Llevé mis manos a su espalda y desabroché su diminuta prenda, la admiré mejor y con mi boca toqué sus rosados pezones. Demi dio un fuerte gemido justo en mi oído, lo que me hizo desearla todavía más. Busqué sus ojos, que también me miraban, y sus dedos en mi cabello me empujaron de nuevo a sus pechos. Iba dando besos que crecían conforme a la forma en que ella se quejaba. Sorpresivamente, me lanzó hacia atrás y ella se puso de pie, pero nunca dejó de besarme. Y así fuimos, acelerados, hacia la acolchada cama que nos incitaba a continuar esto de una forma más cómoda.
Se arrojó sobre la lujosa colcha blanca, extendiendo su cuerpo en todo su esplendor, repasaba los contornos de su curvilínea silueta con sus manos, y mojaba sus labios con su lengua. Se hincó, me hizo señas para que me acerque, ya que me había quedado como momia observándola, frente a ella.
Me hinqué, justo delante de Demi, y besé la comisura de sus labios. Me abrazó, y caí sobre los almohadones, sobre mí, daba pequeños saltos sobre mi abultado pantalón. Mordí mi labio inferior fuertemente, mientras nos seducíamos con la mirada. Deslizó su cuerpo hacia abajo, tan sigilosa como un suspiro. 
Me acariciaba por sobre el género de mis pantalones, causándome una sensación inexplicable, estaba en otro mundo, pero junto a ella; éso era lo único que me importaba. Bajó el cierre, y sacó mi prenda, dejándome sólamente en bóxers, que era como estar sin nada porque mi erección era enorme, y hasta un ciego se daba cuenta. Y, por segunda vez, me acariciaba dejándome loco de remate. Mi miembro estaba duro y a ella le gustaba sentirlo, aunque sea por encima de mi ropa interior. A sus manos se unió también su boca; su tibio aliento me producía quejidos y un placer que estaba fuera de proporciones, la agarré de su suave cabello, impidiéndole separarse de mí.
Pero, de todos modos lo hizo, y se deslizó de vuelta por el mismo camino de antes. Su rostro llegó a la misma altura que el mío, la abracé fuerte y pude sentir sus excitados pechos sobre mi piel. Nos besamos apasionadamente, y mientras tanto, la tomé frágil de las costillas para voltearla y quedar yo sobre ella.
-Joe- dijo con sus labios rozando los míos, los que llevé en dirección a su cuello. Demi respiraba agitada cuando yo daba pequeños mordiscones en su cuerpo. Me deshice de sus shorts en un dos por tres.
-Ahora estamos en igualdad de condiciones- dije, mirándola de forma traviesa. Ella sonrió haciendo un gran esfuerzo para no soltar un grito cuando empecé a acariciarla por entre sus piernas. Colé mis dedos por debajo de su ropa interior, tocándola en su forma más esplendorosa. Sus líquidos llenaban mis dedos, sus ahogados gritos deleitaban mis oídos. Vamos, la haría disfrutar un poco más. Los movimientos de mis manos fueron acelerándose, mis dedos penetraban en ella una y otra vez. Sus caderas subían y bajaban por sí solas, yo podía controlarla ahora, si es que así lo quería.
Precipitadamente, arranqué su pantaleta y, en vez de seguir con mis dedos, reemplacé éstos por mi boca. Mis dientes y lengua se esmeraban por brindarle todo lo que ella pedía a través de sus movimientos. Me distancié para poder ir en busca de su bello rostro otra vez, dio un pequeño quejido en forma de reclamo, le sonreí y la besé, haciendo que ella también sintiera su propio sabor.
-Hazlo- me dijo, decidida como nunca.
-¿Estás segura?- le pregunté.
-Sí, hazlo, por favor- su voz era desigual, pero con un tono tan sensual que la hacía algo irreconocible. Bajé mis bóxers y tomé mi miembro en una de mis manos, ella se acomodó sobre la cama, abriendo un poco sus piernas. Me acerqué, algo nervioso por lo que se venía. Había cometido el error de haber tenido sexo antes, pero ésto no era sexo. Estaba nervioso por lo próximo que estaba al hacer el amor con la mujer que se robaba mis sueños.
Apenas penetré en su cuerpo, ambos dimos expresiones de placer. Fui lo más cuidadoso que pude para que ella no sintiese dolor alguno. Al fin nos habíamos hecho uno, física y emocionalmente. Habíamos encontrado una nueva forma de amarnos, que iríamos descubriendo de a poco, con el paso del tiempo.  Mi pelvis iba dando fuertes movimientos, haciéndome entrar y salir de ella de forma acelerada.
Nos quedamos juntos, dando todo de nosotros al otro, por horas y horas. Nuestros gemidos y gritos alteraban la paz que transmitían los blancos muebles de la habitación. Tocamos, besamos y conocimos cada parte de nuestros cuerpos, el placer iba creciendo exageradamente, entré en su cuerpo con más fuerza de la que yo era consciente, Demi gritaba de goce. Al final, la excitación se hizo mayor de lo que mi cuerpo podía soportar, y eyaculé en su interior, con un orgasmo soñado. Mis tibios líquidos la llenaron por completo, causándole un enorme orgasmo a ella también. Nuestros quejidos alcanzaron su punto máximo, y luego fueron descendiendo de a poco.
Mi cuerpo entero sudaba, y aunque ella igual lo hacía, se le veía mucho más delicado. Nos dedicamos nuevas sonrisas y quedamos ambos recostados sobre las sábanas. Me quedé viéndola, con su cabeza algo ladeada, sus ojos cerrados y la sombra de una sonrisa; parecía un ángel, y por fin, logré convencerme de que ella era la ideal para mí, ella era mi mujer, yo era su hombre; eso y nada más. La amaba con locura, la amaba sin fronteras.
Abrió sus párpados lentamente cuando acaricié su perfecto rostro, me dejó mirar esos hermosos y brillantes ojos de un mágico color café.
-Te amo- susurré. Y lo hice porque quería que sólo ella pudiese escucharlo, porque era un te amo con otro significado, porque era un te amo que tenía escondido un "quiero estar contigo el resto de mi vida".
Demi sonrió, el tono rosado de sus mejillas la hacían lucir inocente, como una muñeca de porcelana. Se movió, quedando pegada a mi piel, por una vez más.
-Te amo- me respondió -te amo y te amaré, pase lo que pase- continuó. Me hizo tan feliz como sólo ella sabía hacerlo. Ahora comenzaba una nueva etapa en nuestras vidas, me prometí a mí mismo no volver a cometer otro estúpido error que nos afecte. No lo haré, lo juro por todo lo existente, lo juro por nuestro amor; estoy dispuesto a jurarlo por algo tan único y frágil como nuestro amor.



martes, 29 de noviembre de 2011

Young Love Murderer V

Estábamos fuera de un gran y antiguo edificio, los dos mirando hacia arriba, en alguna de esas ventanas debía de vivir su hermana. Yo tenía que hablar con Travis; y Joseph se quedaría afuera, porque ellos ya habían hablado antes, faltaba yo.
-Ve- me susurró, apretando mi mano un poco más para después soltarla. Genial, acaba de asegurarme de que él se quedaría aquí, y yo tendría que subir sola.
Pregunté en recepción dónde podía encontrarlos, y, afortunadamente, su departamento estaba apenas en el segundo piso. Subí las breves escaleras y al llegar al último peldaño, me di cuenta de que en ese piso había sólo una puerta con número, supuse que ahí debía estar, y toqué el timbre. Luego de unos segundos, abrieron.
Justamente era Travis, quién lucía una enorme sonrisa, y traía un bebé en su brazo izquierdo, el cual reía.
-Demi- mencionó, apenas me vio, y su sonrisa iba decayendo.
-Hey- le dije -¿podemos hablar, por favor?-
Cuando me hizo pasar, fuimos a sentarnos a un cómodo sillón, que encajaba perfecto con la decoración del lugar, era una especie de penthouse, un poco más pequeño, pero sin dejar de ser enorme, una escalinata en forma de espiral me indicaba que  el hogar seguía un piso más arriba. Miré al bebé, y me sonreía.
-Es mi sobrino- me dijo Travis.
-Se parece a ti- sonreí.
-Esa es la idea- y rió mientras el pequeño estiraba los brazos hacia él. Nos quedamos unos cuantos minutos mirando cómo el bebé intentaba caminar por sí solo, pero apenas daba dos pasos, y se caía; no debía de tener más de un año y un par de meses.
-Travis, lo siento mucho- dije, como si ya no pudiera sostener esas palabras dentro de mi cabeza, necesitaba sacarlas de alguna forma. Levantó su cabeza y me miró, sonreía, autenticamente.
-No te preocupes- me contestó -hablé con Joe y... supongo que él te merece más que yo-
-Nunca digas eso, yo soy la que pierde aquí, cualquier chica sería afortunada de ser tu novia- traté de sonreírle como él lo había hecho, pero no pude.
-¿Eso quiere decir que ya no somos novios?- soltó una carcajada nerviosa, y volvió a mirarme, busqué su mirada, intentando pedirle perdón -supongo que ambos sabemos la respuesta-.
-Travis, yo...- balbuceé -perdóname-
-¿Por qué pides perdón? No lo hagas- tomó mis manos y las cobijó, cuando dejó a su pequeño sobrino sentado y jugando en la acolchada alfombra -no debes pedir perdón por esto, es tu felicidad, de nadie más. Ya te dije que hablé con Joseph, y puedo asegurarte que él te ama más de lo que yo jamás podría; no es que no te tenga cariño, todo lo contrario, Demi, yo te adoro, pero él está enamorado de ti-
Y, como me pasaba muchas veces, no podía encontrar las palabras necesarias, mi cerebro aún procesaba cada cosa que me había dicho. Además, que alguien más me hubiese dicho el amor que Joseph sentía por mí, me llenaba el estómago de mariposas. Sin que yo lo note, ya estaba sonriendo de oreja a oreja.
-Y tú lo amas a él- me miraba, también sonriendo.
Me sorprendí de lo mucho que Travis se preocupaba por mí, y me sentí agradecida.
-Si bien ya no estamos juntos, no quiero perderte nunca- le dije, y sus ojos brillaron de alegría -eres como un hermano sobreprotector para mí, ¿prometes quedarte conmigo?- por alguna razón, también me dolía tener que decirle esto, porque sabía que debía dolerle.
Pero lo disimuló muy bien, me lo prometió, y al fin pude respirar en paz, porque ahora sí, todo estaba en orden, todo estaba como antes, sólo que, ahora tenía a otra persona especial en mi vida.
Nos despedimos con un "te quiero mucho", un fuerte abrazo y los dos con una sonrisa en el rostro. Bajé las escaleras corriendo, pero no encontré a Joseph fuera del edificio.
De pronto, lo vi saliendo de un café Starbucks. "Lo siento, tenía que ir al baño", se excusó, causándome una agradable carcajada. Nos tomamos de las manos, y empezamos a caminar. Iríamos a buscar su equipaje al hotel donde se estaba quedando hasta ahora, para cambiarse al departamento de Nicholas, que yo aún no conocía.
No debería haberme sorprendido de que Joseph se haya estado hospedando en un hotel como el Hilton. Nos acercamos al sector de recepción, y fui hasta el mesón a pedir la llave. ¿Era de nuevo mi novio?, bueno, el chico del que estaba enamorada llegó junto a mí. Mientras la recepcionista buscaba entre los cientos de manojos de llaves, él aprovechó para voltearme y hacer que lo besara, de repente sentí sus manos bajando por mi espalda y llegando hasta un poco más abajo, dando un fuerte apretón.
-¡Joseph!- lo alejé de mí, chillando.
-Lo siento- se disculpó, riéndose.
-Sí, seguro- le respondí. Ni siquiera intenté parecer enojada, porque sabía que no resultaría. Siguió riendo, y depositó un tibio beso en mi sien.
Subimos por el ascensor, hasta la suite dónde dormía. Pasamos, y, como me lo imaginé, había una exagerada cantidad de maletas.
-¿No te conformas con ser un hombre común?- le pregunté en broma; él rió tímidamente. Dejé mi bolso en la  cama y me le acerqué lentamente.
-Te amo, ¿lo sabías?- le pregunté, apegándome a su cuerpo, ubicando mis manos en sus pectorales por sobre su playera de algodón.
-Sí, pero me encanta que me lo recuerdes- me aferró con sus fuertes manos en mi cintura, y nos acercamos lentamente, nuestros labios se rozaban, pero esto era diferente. Algo me recorría el cuerpo, lo amaba, pero estaba experimentando algo que nunca sentí antes, nos demoramos algo hasta que por fin nos besamos, de una nueva manera, complementándonos mejor.
Nos besamos, pero este beso prometía mucho más. Me asusté, terminé nuestro cariñoso encuentro repentinamente y fui al baño. Al salir, Joe estaba de espaldas hacia mí, mirando por la ventana, hacia la gran ciudad que se extendía bajo nuestros pies y nuestra mirada. En menos de un segundo ya estábamos a un centímetro de distancia.
-¿No quieres aprovechar la privacidad que tenemos en esta habitación?- susurré seductivamente, en su oído. Mis manos, que se posaban en sus hombros, se deslizaron un poco más adelante, agarré la chaqueta del traje que vestía, y la fui sacando, de a poco, hasta lograrlo. Sus pantalones de tonos plateados se le ajustaban a las piernas, y su ceñida playera negra lucía su trabajado cuerpo de la mejor forma. Volteó, raudamente posicioné mi mano derecha en su barbilla, acerqué mis labios, y el contacto que éstos tuvieron con su cara sin afeitar era bastante excitante. Ambos sabíamos lo que estábamos sintiendo, ¿lo intentaríamos?. Yo sí quería, lo que más quería era hacerle el amor.


viernes, 25 de noviembre de 2011

Young Love Murderer IV

Antes de reaccionar sobre lo que estaba haciendo, me sacaron de mi fantasía de repente. Nick tomaba mi brazo con fuerza, y echaba a Joe hacia atrás, lentamente; lo alejaba de mí y yo no quería.
Le dirigí mi mirar a Nicholas, pero inmediatamente me volteé hacia su hermano.
-¿Cómo entraste?- mi voz era algo que sonaba extremadamente desesperado, apenas podía respirar, y de a poco se iba formando un inmenso nudo en mi garganta.
-Vine con Travis- respondió a mi pregunta sin vacilar un solo segundo.
Mientras a mi novio se le debía estar partiendo el corazón en pedazos, yo estaba aquí, como una idiota, preocupándome sólo por Joe; ¿qué tan mal debería sentirme por eso?, ¿peor de lo que me estaba sintiendo?.
Corrí hacia la habitación principal del departamento, me lo encontré sentado en el radiante sillón blanco, con su mirada perdida por el balcón, me planté en el piso y no dejé de mirarlo hasta que él se fijó en mí.
-Demi- dijo, tratando de fingir una sonrisa. Pero inmediatamente se puso de pie, como si estuviese esperando a que yo llegara para hacer esto. Tomó una pequeña mochila negra que apoyaba en sus pies.
-No te vayas- le dije muy rápido -¿podemos hablar, por favor?-.
Su mirada cambió completamente, me observaba como exigiéndome que me detuviese. Pasó a mi lado y salió del lugar, así, como si nada.
Decidí ir tras él, de nuevo. ¿Tan drásticamente acabaría nuestra historia?.
-¡Por favor!- grité a mitad del pasillo, él ya iba cerca del ascensor.
No me hacía caso alguno, caminé, más bien troté, para poder alcanzarlo, Travis ni siquiera se daba media vuelta. Me aferré a su playera, y él detuvo sus pasos. Se volteó a verme, y de sus celestes ojos se asomaban espesas lágrimas, su cara ya no reflejaba la alegría de todos los días. Tomó mi mano con la que lo estaba atando, acarició mis dedos y los despegó de dónde estaban.
Sabía que lo mejor que podía hacer, era no hacer nada más. Se subió al elevador, las puertas se cerraron, y me di cuenta de que perdía todo lo que había sido mi vida en New York... porque, además de ir a la academia, él era todo lo que había podido conseguir, con él pasaba todo mi tiempo, con él solía ir a todas partes, una parte de mí se iba con él. Pero, más que mi novio, él fue como un mejor amigo, como un hermano , consolándome a mí, y a mi herido corazón.
Me sentía frustrada, incompetente, hipócrita, ¿así se sentía defraudar a alguien?. Empecé a llorar, pero de rabia, y ya sabía en quién descargarla. Regresé a paso rápido, dando cuánto portazo pude, hasta mi dormitorio.
-¡Todo esto es por tu culpa!- empujé a Joseph por su pecho; él me miraba incrédulo.
Se demoró unos minutos, pero al fin respondió a mis palabras.
-¿Qué?- bueno, por lo menos había respondido.
-¡Tú sabes a lo que me refiero!- estaba histérica, y él hacía que me sintiera aún más nerviosa, me estremecía todavía más, me alborotaba pensar que estábamos tan cerca pero tan lejos a la vez.
-¡No! No lo sé, Demi- exhaló aire, y se quedó con los brazos suspendidos, y sus manos por sus bolsillos.
-Por causa tuya Travis se fue, por tu culpa le hice daño, ¡es todo tu culpa!- Joe seguía con la misma cara de no comprender nada -todo por ti, por tu genial idea de haber venido de repente, después de semanas y semanas, a refregarme en la cara que, que...-
-¡Yo sólo vine a pedirte otra oportunidad!- de a pequeños pasos se iba acercando a mí.
-Creo que ya te dí una, por lo de Brenda, ¿lo recuerdas?- decidí encararlo, pero no me estaba resultando bien, no sentía que él tuviese la culpa por esto exactamente, solamente necesitaba culpar a alguien que no fuese yo misma por la partida de mi novio; o, a estas alturas... ex-novio.
-Claro que lo recuerdo, pero necesito otra, Demi, por favor...-
-Obviamente necesitas otra oportunidad, ahora que te aburriste de tener sexo con Ashley- ya ninguno gritaba, pero la conversación se tornaba cada vez más profunda.
-No, no digas eso...- sus cejas se bajaron, dejando su rostro como uno de los más inocentes, heridos, y tiernos que jamás vi -yo, Demi, yo no...-
-¿Me vas a negar que tuviste sexo con ella?- porque yo lo sabía, aunque nadie nunca me lo hubiese dicho, era una de esas verdades que tan sólo sabes, porque son tan ciertas que las ves en todas partes. Joseph selló y apretó sus labios, haciendo nada, además de confirmar lo que más me dolía -dijiste que me amabas, Joe.
Me sentí agotada, lo miré directo a los ojos, y, en un acto paralelo, nuestras miradas se humedecieron.
-Lo único que querías era sexo- y él seguía sin decir palabra alguna. El silencio concede. Estaba concediendo más de lo que deseaba. -y cuando yo no te pude satisfacer, cuando te dije que no estaba lista, me dejaste, me engañaste, te olvidaste de mí.-
Se movió más rápido de lo que pude pensar, lo que pasó después, fue que lo vi, llorando desconsoladamente, sujetaba mis dos manos en las suyas, y las apoyaba en su pecho, que se inflaba para luego volver a su posición normal, estaba muy agitado. "No", murmuró, en un sollozo apenas audible.
-Suéltame, me das asco- junto con las palabras, se escaparon también unas cuantas lágrimas, que se convirtieron en varias y muchas al paso de segundos. Intenté zafarme de sus fuertes extremidades, aunque, como era de esperarse, no me fue posible.
Soltó mis manos, pero puso las suyas en mis mejillas, que por cierto, estaban ardiendo; lo que, en conjunto con las torturadoras lágrimas, me hacían sentir miserable. Pero tan sólo el tacto, su cuidadoso tacto en mi piel, podían tranquilizarme, a pesar de todo.
-Puedes sentir cualquier cosa por mí- unió nuestras frentes y narices, como solía hacerlo, cuando mi vida estaba en el tope, cuando nada me perturbaba -pero yo te amo. Digas lo que digas, pienses lo que pienses, mi amor por ti es un hecho; es algo tan fuerte, tan fuerte, Demi, que mi estabilidad depende de ti. Todo depende de ti ahora, aunque siempre fue así. Siempre te necesité, ¿lo sabías?- su respiración impregnaba mis labios, tenía los ojos cerrados, y estaba segura de que él también, pero así, estaba todo más claro -cuando llegaste, llenaste esa parte que me faltaba. Y acepto, que soy el idiota más grande de este universo, pero soy un idiota que está perdida y locamente enamorado de ti, y así será, siempre. Y, si tú no sientes lo mismo por mí, bueno, nada cambiará mis sentimientos; porque esto es lo más fuerte que he sentido en mi corta vida.-
Entonces sucedió lo que marcaría el antes y el después.
Podía sentir cómo se acercaba, definitivamente, nada en mí quería evitarlo. Sus labios de a poco iban tocando los míos, hasta quedar unidos, perfectos, por completo. Las lágrimas eran ya un seco recuerdo en nuestros rostros, se separó de mí. "Te amo", dijo, y apenas, porque lo impulsé hacía mí, otra vez; porque lo necesitaba. Siempre fue él. Ahora, que lo tenía de nuevo, todo, mágicamente, volvía a estar en orden, todo en armonía, todo, hasta nosotros dos.
"Te amo", repetimos, ambos, reiteradamente entre los besos. Y los besos, los besos no eran tan sólo besos, eran, hasta el momento, la forma más pura y apasionante para demostrarnos todo lo que estábamos sintiendo. Lo amaba, y él a mí, y lo demás... lo demás no tenía importancia.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Young Love Murderer III

Me quedé en blanco, con mi boca entreabierta y mi rostro helado como un bloque de hielo. Travis estaba en una situación bastante parecida a la mía, dio dos pasos hacia tras y clavó su melancólica mirada en mis pupilas.
-Ehm- se aclaró la garganta de la dubitación -él... él es Joe, ¿verdad?-
Y esa pregunta me hizo sentir mucho más incómoda que antes, ¿cómo podría saber su nombre?.
-¿Cómo lo sabes?- le pregunté, necesitando obtener una respuesta.
-A veces... cuando duermes.- me contestó, y lo comprendí, y sentí lo triste que se sentía; quería correr a abrazarlo pero no era el momento, esto era mi culpa, por utilizarlo para tratar de olvidar a Joe; claramente no lo había logrado, porque pensaba en él hasta en mis sueños.
-Lo siento- dije, la pena llenaba mi cuerpo entero. Travis sólo se bajó de hombros y miró a Joseph.
-¿Puedo hablar contigo?- le preguntó. Él alzó su rostro y se acercaban de a poco.
-Travis, él no es mi novio- susurré cuando iban saliendo del departamento.
-¡Claro que sí!- vociferó Joe, deteniendo su marcha y dándose vuelta.
-¡No!- le grité de vuelta -terminamos hace medio año, ¿qué acaso no lo recuerdas?-
-Nunca terminamos oficialmente, Demi.-
-¿Y creías que seguiríamos juntos después de que me dejaste partir en ese taxi? Y ahora, ¿tanto te demoraste en venir por mí? ¿seis meses, Joseph?- le dije, estaba furiosa, estaba triste y aún no podía dejar de  sentir el deseo de arrojarme en sus brazos y poder tocar, otra vez, nuestros labios.
-Lo intenté tantas veces, pero... por eso vine, ahora. Necesito explicarte todo, déjame hacerlo, por favor- juré que un poco más y se ponía de rodillas. Quería escucharlo, pero tenía que esperar.
Me arroje en el sillón, y evité su mirada, dando la conversación por terminada, luego él y Travis salieron, dejándome sola con esta extraña soledad y con el aire atascado en mi garganta, sin poder inhalar o exhalar, pero me daba lo mismo, mi mente estaba demasiado revuelta y mi corazón muy confundido como para pensar sobre mi respiración irregular.
El ambiente se tornaba más pesado y más torturador a cada segundo que pasaba, decidí ponerme unos shorts y unas zapatillas comunes y corrientes, pero, para mí sorpresa, se veían bien con la sudadera de Travis que ya traía puesta. Me até el cabello en una trenza, tomé mis llaves, mis anteojos de sol y una botella de agua para salir a caminar, a ver si encontraba una solución a todo esto que estaba pasando.
Caminé y caminé por muchas calles, ya estaba por el centro de la ciudad cuando encontré un pequeño parque que serviría como un lugar para acostarme a ver las nubes pasar. Me senté en la grama que crecía en total armonía con su alrededor. Una mariposa revoloteaba a mi lado, y envidié su libertad. Se fue volando y la seguí con la mirada, hasta que se perdió de vista, cuando pasó justo detrás de una pareja que se abrazaba calidamente.
Vi al muchacho y su cabello rizado me causó impresión, se parecía bastante al de él. Tenía una camisa a cuadros parecida, y el bolso, y... lo estaba mirando demasiado. Pero de pronto él también me miraba. Y sí era él, pero ella, ella no era Miley. Sus pequeños ojos cafés se escandalizaron cuando toparon con los míos. De un salto ya estaba parada y haciendo mi camino hacia él. Nick se puso de pie, también, y la rubia chica se quedó sentada sin saber qué estaba pasando. Quedamos a menos de cincuenta centímetros el uno del otro, la palma de mi mano fue directamente a su mejilla, sonando tan fuerte que logró asustarme.
Él tardó en reaccionar, pero cuando consiguió hacerlo, sólo asintió con la cabeza y tomó mi muñeca derecha.
-Prometo explicarte todo esto-
Y ya eran dos personas las que me debían explicaciones, casualidades que se daban en la familia de apellido Jonas.

Esa misma noche, yo y Nick nos sentábamos en mi cama. Primero me abrazó y me dijo lo mucho que me extrañaba. Todavía no tenía ni rastro de Travis, pero lo más probable es que haya ido a casa de su hermana. Mis intenciones no eran molestarlo, lo llamaría en un rato más.
-Bueno, yo vine a algo...- empezó, pero, por alguna razón, quise posponer el momento.
-No, antes, quiero hablarte de Joe.- dije, y mis mejillas ardieron y se ruborizaron como me pasaba cuando tenía diez años.
-¿De Joe?- me respondió él, bastante confundido -¿por qué? ¿qué pasó con Joe?-
Tragué, intenté tranquilizarme un poco para poder decir las cosas bien. Le relaté todo lo ocurrido desde hace un día, era tan poco el tiempo en que lo había vuelto a ver, pero me resultaba tan gratificante tenerlo cerca que mi mente trataba de pensar que nunca se había alejado de mí.
-Wow- dijo cuando finalicé.
-¿"Wow"? ¿es todo lo que dirás?- él me miraba con una media sonrisa formada en su rostro.
-¿Y cuánto tiempo vas a esperar para dejar de torturarlo?- me preguntó con el mismo gesto, y la misma expresión en sus ojos.
-¿A qué te refieres?- Nick siempre conseguía alterarme de algún modo.
-Él te ama, tú lo amas, es lógico, ¿no?- alzó una ceja y movió alternadamente sus manos.
-Él... Nicholas, él no me ama, nunca me amó- y de nuevo sentí mil espinas clavando mi pecho.
Espinas que se convirtieron en mariposas al ver a Joseph apoyado en el umbral de la puerta de mi habitación, con su mirada puesta sólo en mí, arrastraba sus pies.
-Por supuesto que te amé, y te amo, te amo más que a mí mismo, te amo con todas las fuerzas con que se puede amar a una persona, te amo porque sí, te amo porque necesito amarte, porque te necesito, y no quiero perderte-
Estiró una mano, la ofrecía hacia mí. Sin pensarlo la tomé, me ayudó a ponerme de pie, y como antes, me perdí en sus ojos que me elevaban a metros sobre el suelo.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Young Love Murderer II

El suave y esponjoso algodón de las sábanas acariciaba la desnuda piel de mis piernas, Travis estaba sobre mí dando pequeños besos en la comisura de mis labios. Mi cuerpo ansiaba el calor del suyo, lo abracé, aferrándome a su tibia piel que estaba cubierta sólo por su ropa interior.
-¿Te sientes mejor, amor?- me preguntó sonriendo de forma adorable.
Asentí para luego besarlo inmediatamente. Hace algunas horas él entró al camarín sólo unos minutos después de mí, me encontró llorando, echa un ovillo en el piso de madera que estaba cubierto de polvo, y congestionaba aún más mi nariz. Me vi forzada a mentirle respecto a mis lágrimas, "extraño a mi familia", dije. Bueno, éso no era mentira...
-Sí- le respondí, totalmente inexpresiva.
-Vamos, regálame una sonrisa-
Le sonreí, "amo tu cuando sonríes", dijo justo antes de besarme otra vez.
Se vistió después de ofrecerse a ir a comprar la comida para hacer un almuerzo. Yo me quedé recostada en la cama viendo televisión. Al cabo de unos cinco minutos tocaron el timbre, miré a mi lado y vi el teléfono celular de mi novio en el velador, "es tan olvidadizo", pensé, lo agarré y sin pensarlo fui a abrir la puerta.
El problema fue que no era mi novio. Apenas abrí la puerta y lo vi parado ahí, deseé haberme quedado acostada por siempre.
Mi pecho se apretó, apenas podía respirar, ¿por qué me seguía causando esto?.
-¿Puedo pasar?- dijo después de notar que yo no hacía nada. Asentí como por reflejo y le abrí camino hacia los sillones de la pequeña sala de mi departamento.
Cerré la puerta tras de mí, él me miró de pies a cabeza, "deberías ponerte...", dijo.
-Sí, lo sé- ya me había dado cuenta de que estaba todavía en mi ropa interior solamente. De algún modo, me dolía que él ya no pudiera verme así. Tomé una sudadera de Travis y me la puse torpemente.
Joe se acercó a mí, trató de tomarme por los brazos pero lo rechacé por completo.
-¿Podemos hablar?- me preguntó, sacudiendo sus manos a los costados de su cuerpo, como necesitando hacer algo.
-Estamos hablando, ¿no?- le respondí, me costaba ser tan fría con él. Deseé poder estar acurrucada en sus brazos, como en los viejos tiempos, era algo imperativo, mi corazón me lo exigía. Pero yo sabía que no podía, o mi orgullo me lo impedía.
-Me refiero a tener una conversación como personas civilizadas, Demi.- me dirigió una mirada de frustración, con la frase atascada en su boca por un tipo de desesperación.
-¿No querrás decir "personas maduras"? Porque si fuera por eso, te quedaría más fácil ir a hablar con Ashley, ¿no?- le reclamé, arrojando cada palabra con más desprecio del necesario.
Se tapó la cara con sus manos y dijo algo que no logré entender. Acto seguido, me miró directo a los ojos y en menos de un segundo sus brazos rodeaban mi cuerpo, me sujetó fuerte, pude sentirlo otra vez. Pude sentir su corazón latiendo con fuerza, el calor que emanaba, y el sentimiento que me transmitía. Con mis dedos me aferré a su polera, rasguñando su piel debajo de ésta.
-Tú también me extrañas- susurró y apoyó su mejilla en mi cabeza. Sí, él no tenía idea de todo lo que lo extrañé en este tiempo; ni siquiera yo me había dado cuenta, hasta ahora.
Levanté mi rostro y toqué con mi nariz su cuello, e inmediatamente un billón de mariposas revolotearon en mi estómago. Apreté fuerte mis párpados, mi corazón me pedía llorar, pero yo no quería.
-Ya me diste una segunda oportunidad, pero lo que de verdad necesito es una tercera...- sollozó, soltándome y tomando ahora mis manos. Lo observé hasta el momento en que advertí lo cerca que estábamos el uno del otro, como antes. Tal vez hayamos cambiado personalmente, pero entre los dos, nunca consiguió romperse ese lazo que nos unía, ése lazo que era mucho más importante que cualquier cosa.
Negué rápido con la cabeza, Joe se me quedó mirando sorprendido.
-¿Ya no sientes nada por mí?- su voz sonaba dolida, sus ojos lo reflejaban, también.
-Siento todo lo de antes y mucho más- le dije, sin pelos en la lengua, era hora de ser sincera con él, pero sobre todo, conmigo misma, este auto-engaño no daba para más -no sabes cómo deseo estar contigo cada noche cuando me acuesto, no sabes cómo extraño tu barba raspando mi rostro; no tienes idea de cómo extraño los besos que me dabas...- tomé una gran bocanada de aire para luego exhalar todo -extraño que me digas cuánto me necesitas.-
-Entonces, Demi, ¿por qué no puedes darme otra oportunidad?- me suplicó, hablando más fuerte que antes -yo aún te amo, cada día te amo y te extraño más y sinceramente no puedo seguir viviendo así...-
-No es tan fácil, me hiciste mucho daño, Joseph-
Él miraba por encima de mi hombro, sentí el ruido de la puerta atascándose contra el marco, Travis entraba con una sonrisa en el rostro, con la respiración agitada, fue hacia mí y besó mis labios con fuerza.
-Se me olvidó mi celular- rió. Él siempre estaba riendo o haciendo bromas, quizá fuera por eso que nos llevábamos tan bien. Pero la verdad era sólo eso, yo lo quería más como un amigo que como un amante.
-Hola, ¿quién eres?- dijo dirigiéndose a Joe con inocencia y con la misma alegría que traía desde que entró al departamento. Miré a Joseph y vi como secaba rápidamente una lágrima solitaria que iba cayendo por su mandíbula.
-Soy su novio- respondió Joe... y fue el momento más incómodo del mundo.

sábado, 29 de octubre de 2011

Young Love Murderer I

La luz proveniente del gran foco caía sobre mí, y se apagaba de repente. Los acordes terminaban y una sonrisa nacía en mi rostro. Aplausos ensordecedores producían una energía que se extendía por todo mi cuerpo. De a poco el telón se fue cerrando hasta que nadie pudo verme. Corrí a la parte posterior del escenario donde me esperaba él. Lo abracé, me levantó con facilidad, "felicitaciones" dijo, y me besó.


Juilliard fue mi sueño desde que tengo uso de razón. Y ahora, estaba por fin acá, haciendo realidad mis ilusiones. Hace seis meses llegué a New York City, sólo para esto. Me aceptaron en la academia a mitad de año... cursaba las clases de Música, teatro y danza. Tuve el placer y la suerte de que me eligieran para el acto final del show de fin de año.
Mi novio actual era Travis Clark, un pelirrojo proveniente de Florida. Nos conocimos en mi primer día en la academia, fuimos amigos por cuatro meses, y hace dos meses atrás decidimos dar el siguiente paso, todo iba de maravillas.
Todos mis amigos se acercaron a abrazarme y darme sus buenas opiniones sobre mi presentación. No pude hacer más que agradecerles. En el tiempo que había estado en ese lugar, me había sentido mucho mejor. Todos eran agradables conmigo, por las tardes nos juntábamos algunos sólo a cantar, aquí cada uno de nosotros compartíamos la misma pasión, a veces había competencia, pero, en general, todos nos dedicábamos a disfrutar juntos. Aunque, a pesar de todo lo bien que había ido mi vida en esta ciudad, aún tenía cicatrices abiertas, y el hecho de que tuviera novio, no significaba que mi corazón no estuviese aún roto.
Conversaba con mis compañeros, mientras Travis me abrazaba por la espalda y su aliento producía cosquillas en mi oreja. Los padres iban llegando de a poco a felicitar a sus hijos, los hermanos menores observaban a los mayores con ojos soñadores, anhelando ser como ellos.
Nadie llegaría a verme.
Me di vuelta y busqué la mirada de mi novio. Sus parientes lo esperaban a un costado, debía despedirme. Lo besé ansiosa y él me sonrió, prometió llamarme luego y se dirigió hacia las cinco personas que deseaban felicitarlo y decirle lo orgullosos que estaban de él.
Observé la tierna escena, riéndome de mí misma al saber que yo no tendría eso nunca más. Ahora estaba sola. Quise salir del edificio. Di un giro en mis pies, y caminé observando mis zapatos. Pero llegado un momento, unas zapatillas se cruzaron en mi trayecto. Esperé lo suficiente como para que se movieran, y así yo podría seguir caminando, pero no ocurrió.
Alcé mi vista. Refregué mis ojos esperando a que no fuera verdad. Me alejé instintivamente y en su mirada apareció un brillo de tristeza. No quería verlo, pero en ese instante todo lo demás desapareció.
Sonrió ladeando sus atractivos labios que aún no podía borrar de mi mente, no era tan lindo antes.
Abrí mi boca para decir algo, al notar que ningún sonido era capaz de salir, la cerré.
-Lo hiciste excelente- dijo como si nada hubiese ocurrido entre nosotros, sacó una de sus manos de detrás de su espalda y me ofreció un pequeño pero hermoso ramo de flores -felicitaciones- siguió, como si nada.
Me sorprendió con un repentino abrazo, pero apenas su piel tocó la mía, lo alejé.
-¿Qué sucede?- preguntó con aire inocente.
-¿Que qué sucede?- protesté; ¿cómo se atrevía a llegar sin previo aviso, y actuar como si aún le importara?.
El hecho de haberme dejado sin aire al verlo... ¿no era suficiente?, ¿no se daba cuenta de lo que me causaba?, ¿no recordaba lo perdidamente enamorada que estoy o estaba de él?, por supuesto que lo recuerda, se lo dije y demostré más veces de las necesarias.
No podía creer que mi cuerpo aún se estremeciera de esa forma. Esto no podía seguir así... yo debía olvidarlo de una vez por todas, debía dejarle claro que no quería verlo nunca más; debía decirle que ya no lo necesitaba... aunque me estuviese engañando a mí misma.
-Vete- refunfuñé entre dientes, con mi mirada perdida en su pecho. Me volteé, lo escuché devolverme las palabras pero ya estaba muy lejos como para escucharlo. Sentí un dolor atravesándome el pecho, pero debía mantenerme fuerte. Arrojé las flores lo más lejos posible, corrí hacia los camarines y ya no resistí más.



viernes, 14 de octubre de 2011

ANUNCIO (:

¡Hola!, ¿cómo están? :D bueno, les vengo a decir que... sí voy a escribir más capítulos, como que me lo han pedido mucho, y me han ayudado bastante, de verdad me han demostrado de que les gustó mi novela :3 y se los agradezco demasiado. Bueno, como avisé antes, serán solo unos pocos capítulos, pero no se llamará "Enchanted". Ah, voy a escribir en un tiempo más, no mucho, pero sí suficiente como para renovar todas mis ideas, y así vengo y les dejo capítulos de calidad jajaja bueno, eso, muchas muchas gracias. Esto lo hago para que no se desesperen, y para que esperen con paciencia los nuevos capítulos :3 cuídense, hasta pronto.

sábado, 8 de octubre de 2011

Enchanted ~ 30 (último capítulo).

Antes de que empiecen a leer este capítulo... quería agradecerles mucho, por todo. Empecé esta novela, porque necesitaba algo con qué desahogarme, descubrí que escribir me ayuda mucho; y al saber, al notar que ustedes la reciben tan bien, me hacen sentir mucho mejor.
Cada vez que tengo algún sentimiento fuerte, sea bueno o malo, me alegra poder construir uno de estos capítulos, sólo con mis sentimientos. Además, necesitaba algo dónde plasmar todas las ideas sobre esta pareja que es mi favorita.
Bueno, este ya es el capítulo número 30... wow. Bueno, ¿saben qué?, a pesar de todo, de todos estos capítulos, aún no he podido publicar todas mis ideas, por eso, quería ofrecerles algo.
Si ustedes me ayudan a que más personas lean esta novela, porque no creo que hayan tan pocos Jemi fans, escribiré más capítulos; sólo si me ayudan. No planeo una segunda temporada, unos cuantos capítulos más, para que sepan lo que pasa después. A no ser de que queden conformes con este final :)
Bueno, disfruten el capítulo, gracias por darme esta linda experiencia, y ¡nunca dejen de creer en Jemi!.

_______________________________________________________________

Desperté. Miré al blanco techo de mi habitación, qué sueño tan extraño. Hoy la llamaría, y ella me diría que quería pasar este día conmigo, que me amaba. Me puse de lado... y sentí la humedad impregnada en mi almohada, delatando mis lágrimas infinitas que habían corrido hasta la madrugada. Esto no podía ser cierto, no. Mis latidos se aceleraron, y mis ojos empezaban a mojarse. "No, no, no", murmuraba repetidas veces. ¿De verdad pude ser tan torpe?, ¿de verdad arruiné todo?. Necesitaba a alguien que me dijera que todo estaría bien, como antes. 
Bajé hasta la cocina, las empleadas limpiaban el desastre que habíamos dejado. Pasé por la suave alfombra, entré y saqué una manzana de la gran fuente de frutas. La lavé, apenas le di un mordisco ya no quería más; me sentía pésimo. Volví a mi habitación, no sabía qué hacer, no tenía ganas de hacer nada.
Marqué en mi celular el número de la primera persona que se me vino a la cabeza, mi consejero, mi mejor amigo, y al mismo tiempo, mi hermano.
-Nick- pude apenas decir cuando me contestó, después de tres tonos de marcado. -Nick, ¿puedes venir a mi habitación?- necesitaba alguien con quién poder desahogarme, alguien que me escuchara. Si bien sabía de que sólo debía hablar con Demi, y disculparme; necesitaba un buen apoyo antes.
-No estoy en casa... Joe, ¿no vas al aeropuerto?-
-¿Qué? ¿De qué demonios hablas?- le respondí casi gritando -de verdad necesito hablar contigo, es respecto a Demi- y en ese momento mi corazón empezaba a apretarse.
-¿Qué sucedió?- parecía asustado -mira, apenas llegue a casa hablamos. Además ten claro que todos la vamos a extrañar.-
¿Por qué decía eso?, mi mente se retorcía tratando de buscar una solución a todo este lío, tratando de explicar las palabras de mi hermano; mientras mis corazón se apretujaba y las lágrimas amenazaban con salir al recordar lo que había pasado la noche anterior. Nunca me perdonaría el haberla hecho llorar de esa forma tan profunda y cruda. Lucía como un cachorrito herido bajo la lluvia; siempre relacionaba la lluvia con las escenas románticas de las películas, pero nunca recordaba los contrastes que mostraban, hasta la jornada anterior, en que presencié y causé yo mismo una, que definitivamente, jamás olvidaría.
-¿Qué quieres decir...?- pregunté como un pequeño niño a punto de recibir un castigo.
-Joe, ¿qué te dijo Demi anoche, cuando fuiste tras ella?- me cuestionó.
-Nada en especial, estaba muy... enojada, y triste, pero- 
-Ella tenía que hablar contigo por una razón, Joe. ¿No te dijo nada "importante"?- dijo acentuando la última palabra. 
Yo me quedé en silencio... el silencio concede, y Nick lo sabía.
-Debes ir al aeropuerto ahora mismo, Demi se irá, Joseph. Debes despedirte de ella.- sentenció.
"No", estaba siendo una palabra muy repetida dentro de mi mente, pero nada más podía decir. No, esto no podía estar pasando. No me di el trabajo de fijarme si había cortado la llamada, pero arrojé el aparato en la misma cama y me vestí con la rapidez de un rayo. Tomé el llavero del que colgaban todas mis llaves y corrí hacia mi auto. Introduje la llave en el agujero, y la giré, encendiendo el motor. Pisé el acelerador hasta el fondo produciendo un fuerte y molesto ruido. Retrocedí rápidamente y partí hacia el destino del que mi hermano me advirtió. El trayecto hacia el terminal de aviones era de poco más de media hora...
Mis dedos se aferraban al volante, no sabía cuánto tiempo más podía contenerme. Apreté mis labios, y  mis ojos se cubrían completamente con mis lágrimas. Tenía un deseo enorme de detenerme al costado de la autopista y liberarme por fin de toda esta sobrecarga de sentimientos; pero necesitaba ver a Demi, no podía dejarla ir así como así, no podía dejar que se vaya sin siquiera despedirme, no podía cometer otro error. Debía arreglar todo, debía disculparme, debía... recoger los trozos de su corazón que yo mismo había roto. La radio sonaba, pero no estaba escuchando. Apenas veía las líneas que delimitaban el camino, y mi mente estaba en otro lugar, flotando en algún lado del vasto universo.
Mi corazón palpitaba precipitadamente, y en cualquier momento sentía que se detendría. Un dolor me invadía el cuerpo entero; ¿y si no volvía a verla?.
"Demi, te amo" susurré, y en ese preciso instante comencé a llorar. Lo único que deseaba, era que me perdonara, que me sonriera otra vez, que me dejara ver sus ojos brillar de emoción, que me dejara poder tocar su tibia piel, y disfrutar de su hipnotizante aroma. Pero... yo no podía perdonarme a mí mismo, por mis acciones y las consecuencias que éstas trajeron consigo. 
Me faltaba muy poco para llegar, empecé a desesperarme, veía aviones despegar, esperaba que ella no fuera en ninguno de aquellos, confiaba en que fuera así. Me estacioné en cualquier parte y bajé corriendo. "Vuelos internacionales", no creía. Entré y subí al ascensor, una pequeña niña rubia observaba asustada mi llanto, pensé que... ella tal vez creía, que los hombres no pueden llorar. "Piso 3, vuelos nacionales", escuché decir a través del parlante. Apenas se abrieron las puertas salí disparado, oí como una señora me gritaba que fuera más cuidadoso, pero seguí corriendo. Le rogaba a todas las fuerzas del destino para que conspiraran a mi favor, veía miles y miles de personas, pero no a la que yo quería. Sería un problema encontrarla en este lugar.
Ya no podía correr más, me apoyé en una muralla y bajé lentamente hasta quedar sentado en el suelo, estaba frío. La frustración me invadía, lloré desconsoladamente, desesperado por encontrar a la mujer que amaba. Nadie notaba mi presencia, veía zapatos pasar fugaces junto a mí, las ruedas de las maletas rodando, cuerpos chocando. Necesitaba tenerla de vuelta conmigo, se había convertido en una parte esencial de mi ser, ella era la inspiración para cada cosa que hacía, la pensaba en cada segundo... y ahora, no estaba, ¿qué sería de mí?; no podía visualizarme sin Demi. No podía aceptar que ese amor probablemente nunca más lo presenciaría. No quería darme por vencido. La amaba, ¿no es cierto?. Sí, ésa era la verdad, la amaba demasiado. Debía encontrar una solución, debía seguir insistiendo.
"Pasajeros del vuelo 143 a New York City, abordar por puerta de embarque número 7". Eso fue todo. No necesitaba más que oír, algo en mi interior se encendió y me dijo a gritos que debía ir tras el único verdadero amor de mi vida. Corrí, esta vez esperanzado, aún no se iría; ella no podía irse si me veía.
Puerta 4, 5, 6... puerta 7. No me detuve un instante, era ahora o nunca, todo o nada. Debía portar un pasaje que no tenía, me escurrí bajo el marco, causando gritos de los guardias, se hablaban por los radios, diciéndose unos a otros que detengan al muchacho de la polera azul. Ésto debía ser rápido. ¿Dónde estás?, me preguntaba. En el mesón, de espaldas a mí; reconocería esa silueta en cualquier parte.
-¡Demi!- vociferé -¡DEMI!- y aún más fuerte. Ella volteó, sí, era ella. Corrí, halado por su persona.
Pero esto no era una película. Un cuerpo enorme, imponente, se plantó entre ella y yo.
-No- dijo su padre, mirándome serio, muy serio, furioso.
-¡Por favor!- le implore, y las lágrimas renacían -necesito hablar con su hija sólo un momento.-
-Ya le has causado bastante daño- me encaró, y me empujó con sus grandes manos desde mi pecho.
Ella. Se asomó por entre el corpulento y robusto cuerpo de su papá, y lo miró compasiva. Tocó delicadamente su brazo, "está bien, papá, será sólo un momento... y no va a cambiar nada".
Sus palabras llegaron hasta lo más profundo de mí, sí podía cambiar esto... debía hacerlo, o intentarlo. Su mirada se encontraba triste, desolada. Sus labios estaban quietos, rectos. No llevaba maquillaje ni ropas caras, y aún así, parecía un ángel.
-Demi...- murmuré y mi mentón tiritaba, causando un hilo desigual en mi voz. Quería abrazarla, pero tenía claro que muchas cosas me lo impedían. Ella me dirigió una fría mirada. -Demi- sollocé. -perdóname, por favor, bonita. Perdón por todo esto...- le dije llorando, ella no hacía más que observarme.
-Yo no soy a quién debes pedir perdón- contestó cortante.
-Entonces, te pido que por favor intentes olvidar el daño que te causé, por favor... Demi- mis manos se dirigieron a tocar sus hombros, pero se detuvieron a medio camino, las azoté en el aire, frustrado, destrozado, y las volví a bajar. -me arrepiento tanto.-
Ella trató de esconder sus ojos llorosos, se contuvo, y volvió a dirigirme la mirada... seguía como antes, no soportaba tener que verla de esta manera.
-Yo no puedo seguir esto, ya no más- me dijo con su voz quebrándose; lo que me causó mucho más dolor. Lloré con más fuerzas, y ella intentaba no hacerlo.
-No digas eso- le respondí, alzando mi voz -podemos intentarlo de nuevo... pero no te vayas, por favor- mi llanto era más que yo, y nadie estaba como para poder acompañarme.
-¿Crees que por venir hasta acá voy a cancelar mi viaje?, ¿crees que es así de sencillo?- me enfrentó cambiando drásticamente su tono de voz. -Pues no lo es- apretó su mandíbula. -yo no voy a dejar mis planes sólo por ti... en especial por alguien como tú.-
Esto no estaba saliendo de la forma esperada, ni mi egocéntrica forma de verme me daba confianza como para poder manejar la situación. Sin ella, yo sólo era yo. Necesitaba ser un nosotros. Mi corazón sufría y dolía más cada segundo que pasaba, y las lágrimas no paraban ni un instante.
-Te amo...- sollocé como último recurso.
Ella detuvo su vista en la imagen de mí, llorando. Vaciló un instante, y escuché cómo tragaba su propia saliva.
-... estuve encantada de conocerte, Joseph- y su voz se desmoronó. Se volteó antes de que yo pudiera verla derramar la primera lágrima. Caminó en dirección a la manga que la llevaría al avión, dónde la esperaban su padre y sus empleados.
Ya todo estaba dicho, ya nada podía hacer. Había puesto todas mis cartas sobre la mesa, y perdí el juego más importante. Perdí el juego, que de juego no tenía nada. Me destruí. Mi llanto se hizo más sonoro que antes, ya nada importaba, ya nada podía interesarme si la perdía.
La vi caminar, paso tras otro, hasta que no pude verla más. Nunca podría borrarme esa imagen.
Todo esto es culpa mía. De todo esto fui la causa, y de todo esto sufriría las consecuencias. 
Ella se fue,  se fue dejándome ahí parado, ahí parado como un vagabundo solitario, que no fue capaz de ver el diamante por estar cegado por el sol. Como un alma en pena. Como un cupido sin corazón. Como un fuego sin llamas.
Como yo... sin ella.




Y, yo también, estuve encantado de conocerte.


______________________________________________________________




domingo, 2 de octubre de 2011

Enchanted ~ 29 (penúltimo capítulo).

Casi una semana y aún no recibía ni una llamada de él. Sentía mis ojos húmedos mientras veía la foto sobre mi mesita de noche que nos mostraba a los dos, abrazados; la puse boca abajo y me recosté sobre mi cama. ¿Tan rápido fue todo? ¿así nada más?, ¿sería que me estaba dejando de lado porque encontró a la chica de sus sueños, así como hizo con Brenda cuando me conoció a mí?. Karma, seguramente; pero yo no tuve la culpa, nadie me mencionó siquiera que él estaba saliendo con alguien más. ¿Por qué defendía tanto a esta chica ahora?, sólo le di un golpe inocente, me motivé por la rabia que estaba sintiendo, no podía enojarse para siempre conmigo sólo por eso, ¿no me comprendía?.
Mi celular empezó a vibrar, contesté antes de que empezara a sonar.
No me di cuenta de quién me llamaba, pero... no, no era quién yo creía, o más bien, no era quién yo deseaba.
-Hola Demi- dijeron al otro lado de la línea, era Nick. Le contesté indiferente. -¿No has hablado con mi hermano, cierto?-
-No, Nicholas. Supongo que está muy enojado, pero no entiendo por qué- mi voz era fría, blanda; arrastraba las palabras para evitar soltar un sollozo. -lo peor, es que me han llamado... ya sabes de dónde-
-¿Qué? ¿Lo peor?. Demi, ¡son noticias maravillosas!- Nick sabía absolutamente todo de mí, era un gran confidente, y yo confiaba plenamente en él; por lo tanto, sabía también de los proyectos personales que yo estaba planeando para mi futuro.
-¿Te parece si hablamos frente a frente?- dije ignorando todo comentario.

Decidimos ir a un café que había a la vuelta de su casa, me fue a buscar y caminamos juntos. Nick era el mejor amigo que alguien pudiera desear, me tomó de la mano sin mayor problemas, ambos sabíamos muy bien lo que éramos, ansié acariciar sus dedos esperando encontrar los largos y algo ásperos que se me hacían habituales, pero como era lógico, no pude dar con ellos. La mano de Nick era gordita, suave, y fría, muy fría. No podía evitar extrañar a Joseph; mi amigo se dio cuenta, me miró preocupado y me abrazó; aunque era difícil caminar así, apreciaba tener a alguien.
-Debes decirle- me enfrentó al estar ya cómodos devorándonos un banana split. -hoy habrá una fiesta en mi casa para despedir a Kevin...-
-No quiero ir, Nicholas. No quiero encontrarme con Ashley otra vez-
-¿Vas a dejar que te falte el respeto así? No puedes dejar que gane. Además no irás por ella, irás por Joe- me increpó.
-Esto no es ningún juego para ganar o perder, Nick. Estoy segura de que apenas podré hablar con él- el tomó aire como para decir algo, ya me imaginaba lo que diría, por lo que respondí inmediatamente -pero lo intentaré- sonreí sin ganas. Él asintió y sonrió en señal de satisfacción.
-Ya no soporto a esa chica- dijo Nick de repente. Me sorprendí al oírlo pero decidí seguir escuchándolo -anda todo el día chillando, pero menos mal que no la veo tan seguido porque se pasa todo el día...- se detuvo en seco, mirándome con unos ojos gigantes.
-¿Con Joe?- pregunté desinteresada, era obvio. ¿Osea que sí me había reemplazado?, negué incrédula con mi cabeza. -estaré en tu casa hoy, Nick- dije decidida.
Intenté parecer fuerte porque quería serlo, quería ser irrompible; pero me sentía destruida, desmoronada, tomaría todas mis fuerzas para poder hablar con Joe esta noche, debía decírselo, debía saber su reacción. ¿Le importaría?, era una pregunta de la que me atemorizaba saber la respuesta.
Me devolví casi corriendo a mi casa. Mi padre no estaba en la ciudad, pero llegaría esta noche. Leí algunas revistas, vi un poco de televisión. Estaba tan asustada de quedarme sola otra vez; de ser traicionada... de perder al amor de mi vida. Porque éso era él, éso era Joseph Jonas para mí. Mi primer y verdadero amor.
No quería derramar lágrimas ahora, tal vez sólo estaba sobreactuando, ¿y si él sólo necesitaba un tiempo?, ¿y si él esperaba, al igual que yo, que la otra persona llamara?, ¿y si sólo con abrazarlo otra vez todo se solucionaba?. Pero, ¿y si no era así?, ¿y si lo perdía?. No podía conciliar la idea sin sentir mi corazón apretado. Ansiaba ver esos ojos, ansiaba escuchar su voz diciéndome cuánto me amaba. Estaba loca y perdidamente enamorada de él, y eso, nada podía cambiarlo.
Me puse un vestido suave, que llegaba hasta sobre encima de mis rodillas. El cielo se nublaba, y el ambiente se iba enfriando, tomé un abrigo negro de la misma altura que mi vestido. Elegí unas lindas ballerinas que mi padre me compró justo antes de irse, de color rosa, con dibujos de flores bordadas, y un pequeño y finísimo lazo encima. ¿Eso era todo?, debía irme ya. Tomé mi bolso negro de cuero, de tamaño mediano, me lo crucé sobre el cuerpo. Cerré la puerta tras de mí, y mi corazón le dio impulso a mis pies para ir a la dirección indicada, hasta esa majestuosa casa, que se impuso enorme ante mí, ahora, y tal como el primer día.
Denise me recibió con un fuerte abrazo, "te he extrañado, ¿por qué no habías venido?". Me limité a sonreír, y a dar otra de mis estúpidas excusas -estuve de compras, en otra ciudad-, genial, Demi. Así nadie pensará que eres una descerebrada.
Colgué mi abrigo y cartera en el perchero junto a la entrada. Una larga mesa exhibía un gran banquete, todos bebían y comían junto a él. Saqué un pequeño muffin con trozos de chocolate, y me fui a sentar en la esquina de un sillón, amontonada, con mis brazos apegados a mi cuerpo. Veía a todos fugaces, escuchaba sus risas amortiguadas contra el silencio de mi mente, y sus conversaciones me parecían en otro idioma. Yo sólo era una chica de Texas, ¿por qué estaba aquí?.
Ni un rastro de Joseph. Un chico se acercó a hablarme, no tenía idea de quién era pero parecía agradable. En un intento de reír de manera forzada, tragué al mismo tiempo y me atoré, no paraba de toser, el chico me miraba desconcertado; me ayudó a ponerme de pie, tomó mis brazos y los alzó en el aire, mientras toda mi saliva iba quedando en su camisa. "Lo siento", mencioné, todos nos miraban, pero cuando verificaron que no me morí, volví a ser invisible.
-No te preocupes- contestó él, sonriendo.
-Lo siento, ¿me disculpas un momento?- pregunté al notar que Nicholas había llegado desde la planta superior. Me dirigí hacia él, apurando mis pasos y esquivando a todas las personas que ahí se encontraban. Llegué apenas.
-¡Demi!- dijo alegre -sabía que vendrías, te ves encantadora- revolvió mi cabello, lo que hizo que agachara mi cabeza y arrugara mi nariz.
Me pregunté si ya había hablado con Joe. Le contesté que no. No, ni siquiera lo había visto aún. Pusieron música, no tenía ganas de bailar, pero Nick me forzó a ir con él hacia el centro de esa sala. Me ubicó frente a él, y comenzó a moverse de manera ridícula, daba pequeños brincos mientras me miraba con una sonrisa grabada en su rostro, no pude evitar soltar una risa. Él me sonrió aún más, se acercó a mí, me tomó de la cintura y empezó a dar vueltas, mientras yo reía.
-Así es como me gusta verte- dijo, y me abrazó. Fuimos a comer algo más, los dos acabaríamos con toda la comida del mundo en apenas un día. Estábamos conversando muy a gusto, cuando él cambió la expresión en su rostro por completo.
Miré en la dirección que sus ojos indicaban, y ahí estaba. En un grupo aparte, con sus amigos de parranda, y la imbécil del año. Ella lo amarraba con sus brazos esqueléticos, no, más bien lo asfixiaba. Él tenía un vaso en su mano, supuse que era cerveza, lo supuse, pero era cierto. Fui instintivamente hacia el grupo desagradable a la vista que habían formado. Me veía como un hobbit junto a sus enormes amigos. Ashley me observaba con burla, y Joe aún no se percataba de mi presencia.
-¿Puedo hablar contigo?- dije en un hilo de voz que no pudo oír, pero Ashley sí, quién se rió de mí, y lo abrazó más fuerte y acariciaba su estómago.
Mi corazón se hacía añicos. Él notó su gesto, y tocó sus dedos. Entonces me vio.
-Hola- mencionó algo molesto. No podía creerlo, ¿ahora yo era un estorbo?.
-¿Puedo hablar contigo?- repetí, y mis ojos ya se iban humedeciendo.
-Estoy ocupado- volvió a charlar con los tipos que estaban a su lado, y que me miraban como a un insecto.
Miré a Nicholas buscando algún apoyo, ya que mis piernas flaqueaban, él contemplaba la escena con compasión.
-¡Joe!- exclamé con la voz quebrada, él se volvió hacia mí y carcajeó. Un coro de risas lo acompañó. Ya no podía más, me estaban humillando, y rompiendo el corazón al mismo tiempo. -Joe- sollocé.
Hizo un gesto de desprecio con su boca, "¿qué quieres?", me contestó escupiendo las palabras, y con sus ojos llenos de asco.
-Necesito hablar contigo- pero no pude más, justo en ese instante empezaron a caer lágrimas desde mis ojos. Ashley trató de aguantar una risa, pero, al parecer, no se contuvo. ¿De verdad todo esto estaba pasando?.
-¡Demi, no seas estúpida!- gritó Joe al notar que yo estaba llorando, lo que me hizo sentir mucho peor. -¿de qué quieres hablar conmigo? no tenemos nada pendiente- dijo cortante.
Todo estaba arruinado, todo estaba dicho. Esto era lo que me temía, esto era mi peor pesadilla, tenía miedo, y mucho. Retrocedí en mis pasos, y fui corriendo atravesando toda la multitud, que estaban observando todo lo que pasaba. Al pasar junto a Nick, él trató de tomarme por el brazo. Lo esquivé y salí corriendo.
Afuera llovía torrencialmente, al correr por la entrada me tropecé varias veces. No veía nada con mis ojos cubiertos en lágrimas y las gotas de lluvia atormentándome. Lloraba sin parar mientras corría sin rumbo bajo la tormenta. Llegué hasta una esquina, dónde un semáforo indicaba que no podía cruzar.
Me quedé parada allí, llorando y recordando cada palabra, cada gesto, cada risa. Había destrozado mi corazón como si estuviera hecho de cristal. Lloré, y lloré aún más.
Cuando de pronto sentí pasos rápidos tras de mí, y unos brazos sujetándome fuertemente a la altura de mi pecho. Su aroma era inconfundible, no hacía falta verlo para saber que era él, mi llanto aumentó en gran cantidad. Él también lloraba, y se refugiaba en mi cuello, a través de mi cabello.
-Perdóname, perdóname, por favor- dijo con un nudo en la garganta ahogando sus palabras. Me alejé de él, y me di media vuelta, su pelo estaba empapado con la lluvia, y caían lágrimas por sus ojos con la misma intensidad que las mías.
-¡Vete!- grité con todas mis fuerzas -¡Vete lejos y no vuelvas más!- el dolor en mi alma era algo insoportable, me torturaba, como una estaca atravesando todo mi cuerpo.
-¡No!- exclamó él, sacó su chaqueta en una fracción de segundo y me abrazó, cruzándola por mi espalda. Lo empujé con un golpe en su pecho, y lloramos mucho más.
Hice detener un taxi, pero él me impedía irme, abrazándome desde atrás. "Perdóname", repetía una y otra vez. Lo alejé con un codazo, y subí rauda al asiento delantero, él pegó su mano al vidrio, por el que se resbalaban fugazmente las grandes y abundantes gotas de lluvia. El auto se puso en marcha, y lo perdí de vista. Veía las luces pasar, escuchaba la música de la radio como si estuviera tan lejana, como el recuerdo de mi amor con Joseph, como el recuerdo de todas nuestras caricias. Ahora sólo quedaban las cenizas.
Todo desaparecía, y yo no podía parar de llorar.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Enchanted ~ 28.

Habían pasado tres días, estábamos los dos sentados en el sillón, en la sala de mi casa. Joe me abrazaba y besaba repetidas veces mi frente y mi nariz.
-Joe- dije sonriendo, no esperaba una respuesta, tan sólo quería decir su nombre.
-Bonita- besó mi rostro hasta llegar a mi boca. Le respondí a todas sus caricias, pasé mis manos por su ancha espalda, y luego las enredé el cabello de su nuca. "Te amo", me repetía una y otra vez mientras sus labios danzaban con los míos.
Tocó mis caderas con sus tibias manos, y se inclinó sobre mí, soltó uno de los botones de mi blusa y deslizó sus dedos hacia mis costillas, aunque tenía una sudadera debajo, me hizo tiritar.
Ya estaba casi acostada sobre el sofá, nos besábamos locamente, y sencillamente no podíamos separarnos. Puse mi rodilla entre sus piernas, y él me acariciaba cada vez más. Nuestras lenguas peleaban como en un duelo, cada uno se impregnaba de la esencia del otro. Yo tiraba de su polera, y el seguía, imponente, sobre mí; sentimos pasos y a la hora de separarnos, podría decirse que fue un poco tarde.
Mi padre nos observaba serio, con los brazos cruzados sobre su pecho.
-Señor, yo...- se apresuró a decir mi novio.
-Demi- dijo él con su voz notablemente ronca -quería hablarte de Joseph, de hecho- le dio una mirada acusadora, yo me sentía avergonzada. Tanto Joe como yo estábamos rojos como tomate, aunque no estaba segura si por acalorados, o del pudor que sentimos al quedar expuestos.
Lo observé.
-Hablé con mis colegas, y algunos productores, y me han dicho que estarían dispuestos a trabajar con él- miré a Joe sorprendida, se le había iluminado el rostro.
-Espere... ¿cómo saben ellos de mí?- preguntó.

Llegamos hasta la casa de Joe, donde tendríamos una cena con toda su familia. Frankie estaba en el segundo piso, divirtiéndose con sus videojuegos. Le pidió a Joe lo acompañara jugando, él lo hizo. Su pequeño hermanito estaba en medio, pero él en ocasiones lograba pasar su mano por atrás y tocar mis labios, yo besaba sus dedos; Frankie le daba fuertes golpes cuando lo descubría; nosotros sólo reíamos.
Escuché una voz uniforme y familiar a mis espaldas. Dirigí mi mirada en esa dirección... ¡Nick!, no podía ser, pero lo era. Fui corriendo hacia él y una gran sonrisa se formó en nuestros rostros; Nicholas no sonreía muy a  menudo, pero cuando lo hacía... lo valía. Nos dimos un fuerte abrazo, él seguía sonriendo; lo veía mucho más feliz que otras veces.
-¡No sabía que estabas aquí!- exclamé.
-¿Joe no te dijo?- miré a mi novio, que se encogió de hombros y me gritó un "¡se me olvidó!" -ya ves como es de distraído- dijo Nick moviendo su cabeza hacia los lados, radiante -pero llegué recién hoy. Te he extrañado tanto, Demi- me abrazó otra vez.

Nick salió un rato con Kevin, Dani, Frankie y sus padres, mientras Joe y yo nos quedamos en casa preparando la cena, bueno, yo sólo le pasaba los ingredientes, porque él es el cocinero, el mejor cocinero del mundo.
-¡Listo!- dijo mostrándome una gran fuente blanca, llena de raviolis, con salsa pesto encima. Lucía delicioso, y olía increíble también. Intenté probar el majestuoso plato con mi dedo, pero él se alejó de mí de manera violenta -¡NO!, tienes que esperar- sonrió.
Llevé los platos hasta la mesa, cuando sentí unos brazos rodeando mi cintura; ¿quién más podía ser? el hombre más perfecto que ha pisado esta tierra, o el perfecto para mí. Tomé una bocanada de aire, la loza que sostenía en mis manos por poco se me cae. Susurré su nombre, él rió en mi oído, causándome un agradable cosquilleo. Me esforcé un poco y logré soltarme para dejar los platos en la mesa finalmente, luego, él me atrajo fuertemente hacia su cuerpo, volteé y quedamos con las miradas fijas en nosotros mismos.
-¿Por qué eres tan lindo?- le pregunté, él levantó sus cejas y abrió exageradamente sus hermosos ojos café. Me reí -te amo- puse las palmas de mis manos en su cuello, y lo besé suavemente.
Nos separamos y él me miraba detenidamente, sonreí, él a mí, y volvió a besarme, y otra vez, y otra vez. Me acorraló contra el mueble que estaba tras de él, y seguíamos besándonos, entregándonos todo el sentimiento que nos afloraba, transmitiendo la química instantánea que poseíamos desde el momento en que cruzamos nuestras miradas. Sentía su barba contra mi mejilla, su respiración sobre la mía, su cuerpo magnetizado a mí.
-Ew- escuchamos a alguien exclamar; por segunda vez en el día nos separamos sobresaltados. Era Frankie, pero junto a él... Dani, Nick, y Kevin. Lo único que agradecía era que mis suegros no hayan estado ahí.
-Cálmate, hermanito- dijo Kev, dirigiéndose a Joe.
En todo esto tiempo, siempre habíamos sido muy discretos con nuestra relación frente a otros. Sabían que éramos novios, nos abrazábamos siempre, pero situaciones como éstas preferíamos dejarlas en privado por respeto a los demás; y ahora, en apenas un día, era la segunda vez que nos atrapaban "in-fraganti". Me sonrojé y agaché mi vista. Entraron los padres de mi novio por la puerta.
-Bien chicos, ¿hora de comer?- preguntó Denise, sonriendo.
-Al parecer Joe se nos adelantó- se burló Nick y Kevin rió con él.
-Jaja, qué graciosos- mencionó Joe, malhumorado.
Nos sentamos a cenar, la conversación fue amena y la comida extraordinaria. Ya nos habíamos demorado el postre, y era uno de esos momentos hermosos en que todos ríen y disfrutan, y tú disfrutas viéndolos a todos, grabando el momento en tu mente para siempre. En ellos encontré otra familia, una de verdad. Pero, lo bueno no puede durar para siempre, justo en ese instante, tocaron el timbre, ¿quién será?, nos preguntamos todos.
La nueva huésped de la familia... Ashley.
En el rostro de Nicholas, pude ver el reflejo de mi propia expresión. Frankie, quién había ido a recibirla, volvió corriendo a posicionarse entre Joe y yo. Saludó a todos agitando su mano y sonriendo de manera absurda.
Planeamos hacer una improvisada noche de juegos. Me disculpé por un momento y fui a mi casa a buscar el regalo de cumpleaños que le debía a Nick. Él anunció su partida justo el día en que mi novio y yo les dijimos que lo nuestro era oficial. Se fue luego de un mes y medio, pero en ese tiempo, se había convertido en mi hermano, y en mi mejor amigo. Si bien Joe también lo era, con Nick podía sincerarme respecto a lo que me pasaba con Joseph, lo bueno y lo malo; y él había encontrado en mí a una compañera que podía hasta escribir canciones con él; teníamos algo único, una amistad pura, sin otras intenciones. Aunque a veces bromeaba tomándole la mano y diciéndole a Joe que lo engañaba con él, los tres nos llevábamos de maravilla.
Al volver de mi hogar, estaban ya todos en la sala, en la mesa, con bocadillos y bebidas por todos lados. Frank había escogido el juego "Clue", y habían decidido formar grupos. Kevin y Dani; Denise, Paul y Frankie... Joe y Ashley, Nicholas me esperaba para que hiciera equipo con él. "Bien", me dije a mi misma, tranquilizándome, "es sólo un juego". Cada equipo estaba a su lado respectivo de la mesa.
Pero esta chica, era aún más insoportable de lo que me imaginaba.
Abrazaba a mi novio cada dos segundos, se apoyaba en sus brazos. Él le sonreía y a veces acariciaba sus hombros. "Es sólo por cortesía", trataba de convencerme. Yo los miraba con mis puños apretados y mi ceño fruncido, estaba bastante molesta, debo decir; al parecer todos se dieron cuenta, menos Joseph y... ésa.
Después de finalizado el juego, sus padres fueron a dormir; y nosotros fuimos a jugar Wii. Aparentemente, ella juraba que los grupos seguían formados, se amontonó junto a Joe en el sofá, y le decía bromas al oído para luego reírse ella misma como una loca de remate.
Yo estaba compitiendo en bowling junto a Nick, él era el mejor jugador en esto, y en el juego real también.
"Mira cómo salta Demi cada vez que tira la pelota", decía Ashley, y se reía... junto a Joseph. Estaba tan enojada que ningún tiro me salía bien.
-Hey, calma- me dijo Nicholas en un susurro. Pero entonces miré a mi lado, y ellos dos me miraban como burlándose de mí.
¿Cuándo se habían vuelto amigos tan cercanos?.
-¡Eres una estúpida!- grité, arrojándole el control a Ashley por la cabeza. En estos momentos demoraba mi diferencia de edad e inmadurez. Escuché risas tras de mí, pero Joe se puso frente a mí, imaginé que así lo veía Trace hace varios meses atrás. Me asustó un poco verlo así.
-¡Demi! ¡¿cómo te atreves?!- gruñó -¿no puedes ser más inmadura?-
No me atreví a decir nada, me asqueó ver a la estúpida haciéndose la víctima, recostada sobre los cojines, quejándose y tocándose la frente con ambas manos. No fue tan fuerte. Mi novio me dio la espalda, y se dispuso a socorrer a Ashley.
-No puedo soportar esto- dije alzando mis manos en señal de rendición. Dani y los chicos, excepto Joe, trataron de detenerme. Pero estaba enojadísima. Tomé mis cosas y salí por la misma puerta por la que entré. No puedo soportar esto.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Enchanted ~ 27.

-No sé si estoy lista para esto- no pude decir nada más. Me observó por algunos segundos y luego se salió de encima mío, quedando a mi lado en la cama, me puse de pie -¿me la prestas?- pregunté tomando su polera aún tibia entre mis dedos, él asintió.
Entre al baño de su habitación, me puse su polera; me lavé la cara, y me peiné un tomate; wow, qué día. Necesitaba algo de tiempo para procesar todo esto, por fin me había a atrevido a confesarle que lo amo, mi felicidad aumentó un millón de veces al saber que él sentía lo mismo por mí. Y esto, lo de hace un momento, lo estaba disfrutando mucho, pero me sentía confundida como para seguir.
Al salir del baño, el estaba sentado a la orilla del colchón, abotonándose una camisa blanca, cabizbajo. Pude notar lo frustrado que estaba, me sentía muy culpable. Me acerqué y me senté lentamente sobre sus piernas, él lanzó un pequeño gemido, pude sentir que su excitación seguía tal como antes, lo que me hizo sentir aún más culpa.
-Lo siento- murmuré.
-No te disculpes, Dem. Te entiendo, y siempre voy a respetar tus decisiones- levantó su cara, viéndome con esos hermosos ojos, de un color único, un color que iba desde un encendido naranjo hasta un negro profundo.
-Pero...- dije en un balbuceo idiota.
-Shh. No digas nada más- me abrazó fuerte y besó mi cabeza.
Nos quedamos varios minutos acariciándonos; de pronto el timbre sonó y ambos nos sobresaltamos. Me puse de pie, le sonreí y él bajó para abrir la puerta, yo fui unos cuántos pasos tras él. Me quedé en el último escalón, examinando su manera de caminar, se veía tan... sexy, con la camisa suelta y sus bóxers de tela que le ajustaban un poco. Sonreí a mí misma mientras él abría la puerta
-Estuve esperando tu llamada- escuché decir a una voz femenina. Entró una esbelta chica, alta, vestía un corto vestido, blanco y negro, aburrido. Apoyó una de sus flacas manos en el hombro de mi novio.
-Ashley, ella es mi novia, Demi- la interrumpió Joe, señalándome. Ella se dio vuelta a mirarme, me dio una mirada llena de repulsión, luego se acercó a mí, y me sonrió de forma burlona.
-Hola- dijo como quién le habla a un bebé -¿cómo te llamas, linda?- acarició mis mejillas -qué tierna es tu novia- le dijo a Joe. Él me miraba preocupado. Pero supongo que yo lo estaba más que él; si me ponía a pensar ahora, ella es la clase de mujer con la que esperarías ver a Joseph, alguien que de verdad sea digna de él. Yo era tan solo una adolescente con problemas de autoestima. Me preguntaba cómo nos veríamos, y qué pensarían los demás de nosotros.
A las espaldas de "Ashley", mi novio me estiraba su brazo, tendiéndome la mano. Pasé groseramente al lado de ella, sin haberle dicho ni una sola palabra, y tomé la mano de Joe.
Lo ayudé a ordenar la habitación de arriba, y llevamos los platos hasta la cocina para lavarlos. Yo les pasaba una esponja con espuma, y Joseph los iba secando. Cuando él se distrajo aproveché de echarle unas gotitas de agua en su espalda, por entre su piel y su camisa. Se volteó ágilmente con su boca en forma de "o". Yo me reí y él me dedicó una tierna mirada. Estiró el paño con el que secaba la loza, y lo enredó en mi cintura, me atraía hacia él, yo ni siquiera me rehusé.

Todo esto estaba pasando por una razón, el deseo que ahora surgía entre ambos no era solamente por algo físico, era algo psicológico; ambos suponíamos que existía ese amor, ahora que lo habíamos aceptado, nos dejábamos llevar por las acciones del amor, de sentirse querido por el otro.
Al mismo tiempo, sentía miedo. Supuestamente, la intuición de las mujeres nunca falla; bueno, esta vez, sentía que algo iba a pasar, que debía disfrutar este tiempo, que ya se estaba acabando. No quería que esto tuviera un final, no tan pronto. Siempre quise encontrar a ése príncipe azul, y poder vivir feliz para siempre. Tal vez ya lo había encontrado. Pero algo en mi interior insistía en que esto no iba a estar bien.
Después de ordenar volvimos a su dormitorio, nos sentamos en la cama, frente a frente.
-Joe... ¿eres virgen?- pregunté interrumpiendo un silencio angelical. Fui tan directa que hasta a mí me incomodó un poco. Él se quedó observándome, hasta que me respondió.
-No.- sentenció -¿tú lo eres?- preguntó él esta vez.
-Sí- le respondí cabizbaja con una fingida sonrisa -esa chica... Camilla, fue con ella, ¿no es verdad?- seguí.
-Sí- su tono era duro, pero no molesto, como si el tema le afectara mucho -fue hace un par de años, y considerando el nivel de madurez que tenemos los hombres... yo era un adolescente obsesionado. Aunque, ahora pienso que cada persona madura de acuerdo a su realidad.- me dirigió una mirada que reflejaba todo lo que me estaba contando.
Logré asentir con mi cabeza, quería que me siguiera contando.
-Yo juraba estar enamorado, estaba cegado por el velo invisible de un amor inexistente. Yo no me sentía listo, no estaba preparado para tener relaciones sexuales, sentía que debía esperar-
Cualquier hombre se enojaría cuando su novia no quiere tener sexo con él, pero esa noche, Joe me respetó de manera tan comprensiva; ahora entendía de que él tuvo la misma inseguridad, pero con finales distintos.
-Ella me puso entre la espada y la pared, después de haberme utilizado de todas las formas que pudo... Demi, tal vez no lo sepas, pero a nosotros, nunca nos ha faltado el dinero.-
No lo sabía, pero había logrado darme cuenta.
-Después de usarme como quiso, logró lo que desde un principio me estaba exigiendo, lo que, según ella, un hombre maduro no dudaría en hacer con su novia. Tuvimos relaciones, y a pesar de haber logrado el orgasmo, no lo disfruté a pleno, ella me estaba obligando, me estaba exigiendo. A los dos días me dejó, por teléfono; y al día siguiente ya estaba con otro. El rumor se esparció de manera monumental, todos hablaban de que el hijo de un pastor evangélico estaba teniendo sexo con una mujer mayor. Hasta mi familia se enteró de todo con lujo de detalles, tuve que hablar con mi mamá, lloré en su hombro, era la primera vez que me tocaba a mí tener el corazón roto.- me miró otra vez y pude darme cuenta de que tenía los ojos cristalizados.
-Lo siento- se me ocurrió decir. Él negó con la cabeza.
-Sólo fue culpa mía. Ya olvidé a Camilla, pero al recordar tan sólo el dolor que me causó... éso es lo que en verdad duele. Ahora quiero olvidar todo, y comenzar de nuevo; es lo que estoy intentando, Demi, y tú me ayudas; gracias por haberme escuchado. Gracias por ser como eres- y me abrazó.
Pude sentir lo mucho que él necesitaba ese abrazo, pude sentir que en verdad me necesitaba.
-Te amo- le susurré confidente. Él me abrazó aún más fuerte, se acomodó en mi pecho, sentía mi corazón retumbar, y él podía escuchar mis latidos. Él podía sentirme.
Él era el único capaz de hacerme amar.

Enchanted ~ 26.

Desperté muy animado esa mañana, me puse un buzo y una polera para ir a desayunar; en la cocina me encontré con la amiga de Danielle, habíamos estado hablando, se llamaba Ashley Greene, y tenía la misma edad que la esposa de mi hermano, por lo que era bastante mayor que yo. Pasé directo al refrigerador, encontré sólo una manzana, la lavé y la llevé a mi boca.
-¿Me das tu número?- preguntó de repente. Me di vuelta y la quedé viendo extrañado.
-¿Para qué?- pregunté frío. De algún modo me había arruinado el ánimo.
-En la tarde quiero salir, y si llego muy tarde no quiero molestar, podría ser... por si pudieras abrirme la puerta- continuó. Quería salir rápido de ahí, le di mi número, tomé la manzana y fui a la sala de estar, jugué un poco en la Xbox, luego me bañé, y me vestí con unos jeans sencillos, un polerón negro, y zapatillas rojas. 
A eso de las 3:00 de la tarde pasé a buscar a mi novia; estaba nervioso y no sabía por qué. Cargaba un oso de peluche gigante en mi brazo derecho, y un ramo de rosas en mi mano izquierda, de las cuales siete eran azules, y una era blanca. Toqué el timbre con dificultad.
Y ahí estaba ella. Radiante, con un vestido negro, ajustado, sus labios rojos, y su cabello brillante como un cascada caía por sobre sus hombros. "Hola", dije sonriendo. Ella se abalanzó sobre mí sin decir palabra; se distanció un poco de mí, y me miró directamente a los ojos.
-Felices nueve meses, hermosa- le ofrecí las rosas y el peluche, ella me observó emocionada y recibió mis regalos.
-Ven, dejaré esto adentro- me dijo, la seguí hasta el interior de su hogar. Dejó los obsequios en el sillón y levantó una cajita roja amarrada por una cinta blanca. -Esto es para ti- mencionó con una sonrisa en su cara. 
La tomé y abrí, lo primero que vi fue un brazalete formado por pequeñas cuentas redondas, y abajo una polera, la estiré, era muy de mi estilo.
-Yo tengo la misma pulsera- dijo levantando su brazo -es cursi- carcajeó. -la polera la hice yo, espero te guste- ubiqué la caja de vuelta en el sofá.
-Me encanta- me acerqué seductivamente a ella, posicioné mis manos en su cintura. -gracias-.


Fuimos al cine, compramos un gran envase de palomitas para ambos, y dos gaseosas medianas, vimos una película de horror, lo que me dio más de una excusa para poder abrazarla y besarla; luego dimos algunas vueltas por el centro de la ciudad, estaba atardeciendo, el ambiente estaba cálido, caminábamos por las calles con nuestras manos entrelazadas, el otoño llegaba en la ciudad de Los Ángles, las hojas caían a nuestro alrededor con suavidad. Nos detuvimos en el centro de una plaza, bajo los árboles. La abracé y escondí mi cara en su cuello, ella acercaba su cuerpo aún más al mío.
Me alejé sólo para contemplarla mejor, nos miramos fijamente por varios minutos, sus rojos labios me incitaban a tocarlos con los míos. 
Escuchaba una melodía intocable en el aire, algo sólo para los dos, algo sólo para ese momento. Ya eran nueve meses junto a ella, nueve meses con esa mujer... de la que me enamoré. Cada cosa de ella, su voz, sus gestos, podían enloquecerme en cosa de segundos; ella sabía escucharme, y sabía hacerme callar en los momentos necesarios. Ella me transmitía un sentimiento tan honesto que a veces me negaba a creer. A veces me cuestionaba mi propio estado mental, ¿podía ella ser siquiera real?. Sí, ya me lo había preguntado y lo había confirmado varias veces.
Ya no podía ni explicar ese sentimiento que me invadía, esas cosquillas que me daban cuando ella rozaba mi piel, esa sonrisa instantánea que surgía en mí cada vez que la veía aparecer. Al fin lograba comprender a mis hermanos; nuestra familia siempre nos enseñó a tratar a todas las mujeres como reinas, eso nos hacía volver locos con la mujer que ocupaba nuestros corazones, porque si todas son reinas, ¿que serían ellas entonces?, averiguarlo no era lo importante.
Tenía un revoltijo de pensamientos cuando la tenía así de cerca, su mirada me absorbía y me fundía en el aroma dulce de su piel, yo ya había descifrado mis sentimientos hace un tiempo, otra cosa era aceptarlos. Imaginaba cómo sería estar enamorado de ella desde ahora, tendría que aceptarlo; sí, lo aceptaba con total alegría. ¿La amo de verdad? Ya conocía la respuesta... estaba en eso cuando escuché esas palabras saliendo de su boca con la aterciopelada agudeza de su voz.
"Te amo", sonó completa y nítidamente en mis oídos, mis latidos se aceleraron, en mi frente sentía un sudor frío y mis manos tiritaban.
La acerqué ansioso, nervioso, instintivo. "Te amo", repetí casi en un grito. La besé, la besé con todo el sentimiento que pude, la besé no solo por besarla, la besé de felicidad al saber que entre nosotros se había formado un lazo especial, algo diferente a toda relación, algo intocable, algo que apenas tenía nombre, porque decir "amor" quedaba pequeño. La besé como nunca antes hice, como nunca antes me hubiese atrevido. Ella me acariciaba y correspondía a mis besos y caricias con la misma fuerza y pasión. Nuestras bocas se buscaban y chocaban, jugueteaban con sus propias reglas. Estuvimos así por una eternidad que pareció durar un segundo. Mi cuerpo entero se estremecía.
Fuimos a hacernos unas fotos en esas casetas antiguas, amaba tener esto con alguien; amaba tener a ese alguien especial a quién amar. Llevaba conmigo mi cámara Polaroid, por lo que fotos de ese día inolvidable, fueron muchas. Pero el día aún no acababa.
Mis padres y Frankie estaban visitando a Nick en NY; y por lo que capté, Kevin saldría con Dani, y su amiga. Íbamos camino a casa cuando me llegó un mensaje, revisé mi celular.
"Joe, estoy en una fiesta con tu hermanito y su esposa, me llamas a este número si quisieras hacerme compañía ;) xoxo, Ash". Pero, ¡¿qué rayos?!. Decidí ignorarla y sujetar más fuerte la mano de Demi.
Llegamos a mi casa, fuimos a la sala de estar, el mismo lugar en que nos habíamos dado el primer beso. Hice que cubriera sus ojos, y la ayudé a llegar hasta arriba.
-¡SORPRESA!- exclamé.
Había cubierto todo el piso con blandos cojines, y velas de distintos colores. No era espectacular, pero, para ser yo, era un gran logro. Y aunque mi mejor arma de conquista era la cocina, sólo decidí preparar una fuente de chocolate, y al lado, un gran bowl repleto de frutillas.
-Eres definitivamente el mejor novio del mundo- me besó para después hincarse sobre las almohadas.
Untaba la fruta en el chocolate y se lo daba en la boca, y ella a mí. Después de un rato nos sacamos los zapatos para estar más comodos, y había empezado a hacer algo más de calor por lo que me saqué el polerón.
-Te quedó algo ahí- dije tocando parte de su mentón con la punta de mi dedo. -Espera- me acerqué a ella y besé el punto que había señalado antes. Me moví hasta sus labios dando besitos en su fina y blanca piel.
-Tú tienes algo acá- dijo poniendo chocolate intencionalmente sobre mi cuello. Me senté en el piso, y ella se sentó  a horcajadas sobre mí, su generoso escote quedó muy cerca de mi rostro. Se acomodó un poco y empezó a besar mi cuello, succionó fuertemente el lugar dónde tenía uno de mis lunares, causando en mí una sensación entre dolor y placer, besaba apasionadamente todo el camino hasta mi boca, hasta que la encontró, después comenzó a besarme de una manera más fuerte, empecé a tocar su espalda y finalmente tomé y acaricié su trasero con mis dos manos. Ella sujetó mi labio inferior entre sus dientes, mordiéndolo con delicadeza, lo que disparó de manera segura mi excitación. Deslizó su palma por debajo de mi polera, recorriendo mis abdominales con sus dedos. Se despojó de mi prenda en un dos por tres, y mordió ella misma su labio, devorándome con su mirar. Gemíamos de manera inconsciente, y cada reacción de uno encendía más al otro. Decidí tomarla de sus muslos, me puse de pie y fui en dirección a mi habitación, en ningún momento dejamos de besarnos o acariciarnos cada vez de manera más atrevida. La recosté sobre mi cama y me posicioné arriba de ella, acaricié su estómago por sobre la tela de su vestido, tomé las pequeñas tiras de este que envolvían su hombro y las bajé hasta su brazo, pero ella se sentó en la cama y empezó a sacárselo por su cuenta; yo, por mi parte, aproveché de sacarme los pantalones, quedando sólo en bóxers, la erección ya era obvia, un gran bulto se escondía en mi ropa interior ansiando por salir, cuando me volví a verla, ella estaba casi desnuda, una diminuta pantaleta era lo único que le quedaba puesto. Fui depositando besos por sus piernas y muslos hasta llegar a sus caderas, di un pequeño roce con mis dedos en su femineidad, y aunque fuese por encima de ese género negro de su prenda, ella se estremeció por completo, decidí seguir subiendo hasta llegar a sus pechos, empecé a acariciarlos y pasar mi lengua por alrededor.
-Joe- dijo apenas, reprimiendo sus gemidos; me despegué de su piel para observarla- no sé si estoy lista para esto.